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  • Editorial Semana

El rol de la psicología en la historia


Por: Juan Ilich Hernández


Muchos de nosotros solemos perder de vista que, todas las áreas del saber humano constantemente están en interrelación. Esto es debido a que, tanto la historia como la psicología descansan en las artes y misma filosofía. A raíz de este planteamiento, podemos ver que la naturaleza humana al igual que su psiquis se encuentran totalmente atravesados, no solo por su contexto social, sino también por su historia. Ha sido la misma historia la que ha hecho posible comprender los distintos efectos multidimensionales que arrastra consigo la estructura social y cultural de los pueblos. Por tal razón, es que como bien expone el neo-psicoanalista Carl Jung “El inconsciente es la historia de la humanidad desde los tiempos inmemoriales”. Evidentemente, sin la herramienta innovadora del psicoanálisis y psicología experimental no pudiera comprenderse más a cabalidad la transmisión de todo ese capital cultural e información que hace caracterizar el estado psicoemocional e inconsciente colectivo de un país.


El padre de la psicología experimental Wilhem Wundt acuña el término psicología de los pueblos precisamente para analizar cómo el espíritu humano al igual que colectivo va evolucionando acorde a las exigencias e incluso apetencias culturales de esa nación. Es en ese sentido, que el método científico cobra un giro resignificativo al traer este concepto derivado de las ciencias humanas y otras áreas del saber como la historia. Quiérase decir, que a través de la psicología de los pueblos es que puede observarse descriptivamente los distintos abordajes y roles que llevan los mitos, costumbres, prácticas religiosas, y juegos del lenguaje que tiene tal país o contexto social. Así que, es gracias a Wundt, que, tanto la psicología como la historia sean vistas y definidas como una ciencia transdisciplinaria la cual vela por una mirada totalmente amplia y diversa. Fue desde este referente y conjetura, que la psicología continuó aflorando e investigando otros terrenos experimentales para analizar la mente humana, dándole apertura al ámbito técnico e innovador del psicoanálisis.


Ante las diferentes formas y metodologías alternas en las cuales se ha intentado preservar el puritanismo de las disciplinas como es la psicología e incluso el terreno de lo histórico, siempre deben tomarse en consideración los factores socioeconómicos y psicosociológicos de cada región para definir cuál es su nivel hegemónico particular. Independientemente haya universidades pro- sistema de los grandes intereses como otras más liberales, justamente como son las tecnocráticas buscan hacer de las disciplinas una atalaya única y “supuestamente exclusiva”. Mediante este planteamiento, ya logra ilustrarse a flor de piel la completa politización ideológica de las disciplinas. Este hecho social pone en evidencia nuevamente el rol que tienen no solo las ciencias sociales sino también la ciencia en sí para el Estado y sus aparatos institucionales.


Mientras más nos adentramos a los diferentes debates que hay en el mundo científico, más nos damos cuenta que el orden del día en estos tiempos contemporáneos ya no es partir de un lente empírico en específico, sino al contrario, desde uno multidimensional. A pesar de que existan esfuerzos sociopolíticos que atentan contra la producción de conocimiento desde otra mirada transdisciplinaria o lógica de la diferencia, siempre habrá que partir del dato histórico para hacer valer el cambio psicosocial que aspiramos. Además, es crucial destacar que si no nos concienciamos acerca de estos sutiles detalles arquetipales (imágenes, símbolos y figuras preexistentes) que bien se maquillan en el aula académica, continuaremos pagando el alto precio de repetir la misma historia.


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