Buscar
  • Editorial Semana

El sabor a pueblo del Savarona de hoy


Por: Juan Ilich Hernández


Para el 1912, al sudeste de la ciudad, Don Pablo Héreter y Don Harisson Johnson construyeron en Caguas la primera urbanización privada, en terrenos del primero. En esta finca se segregaron 300 solares y se le dio el nombre de urbanización Johnson, pero se conoció popularmente como Savarona (sabor y aroma).


El sabor y aroma del Savarona de hoy en términos generales sigue manteniéndose en pie a pesar de los múltiples problemas de exclusión social, xenofobia y gentrificación. Un pertinente ejemplo de cómo ilustrar esta peculiaridad es a través del flujo e intercambio sociocultural que se suscita en sus calles más emblemáticas como la Doctor Rufo, Monseñor Berríos, Juan Ponce de León y la misma Georgetti, las cuales al sol de hoy tienen una esencia estructural intacta. Tales efectos son identificados en cada uno de los negocios y circunferencias que comparten las personas entre las calles.


A raíz de todos los choques contraculturales que se brindan en este contexto social aun existe “aguante” o resistencia ante el cambio psicosocial de lo mercantil y urbano en el amplio sentido de lo social. Quiérase decir, que el sentimiento de arraigo en esta comunidad ha perseverado a tal nivel, que los jóvenes e incluso personas que fungen como voluntarios para el manejo de la autogestión comunitaria sienten también ese enlace directo de pertenencia con la comunidad. Este señalamiento lo subrayo debido a que he podido entrelazar con los estudiantes de la UPR-Cayey esta vivencia del trabajo social-comunitario. Destaco este detalle en particular, ya que más allá de fungir como facilitador y empírico social-comunitario, también me identifico como miembro activo de la comunidad. Este factor en específico ha sido debido a que mi padre Juan David Hernández León fue nacido y criado en este sector.


Sin embargo, el elemento e ingrediente sustancial que ha hecho dejar sentir ese sabor a pueblo en la comunidad no ha sido meramente el capital cultural y social que generan sus negocios sino más bien su sentimiento psico-emocional de arraigo. Independientemente hayan personas de otras nacionalidades dentro de la comunidad se continúa latente ese sentir o amar a esta comunidad. Dado a este factor el cual logree observar y estudiar gracias al análisis etnográfico sobre el estudio de necesidades en torno a las carencias primordiales de la misma, estos mencionaron que si les brindaba una portavocía e incluso espacio donde pulular como la edificación de un parque en el que recientemente demolieron en la calle Monseñor Berríos podrían contribuir a su reconstrucción y otras áreas críticas.


¿Pero, cómo podemos identificar el sabor a pueblo dentro de una comunidad si en cada una de las calles y negocios guardan entre sí, su propia identidad e incluso cultura? Si nos adentramos bien a la psicología social de los pueblos y comunidades, ya a primera instancia notamos que el factor de clase social resulta ser una problemática inacabable. Mediante esta causa de carácter socioeconómica sale a relucir la subdivisión entre individuo versus sociedad civil, efecto que hace vislumbrar la frase célebre de Marx “La historia de la humanidad es la lucha de clases”. Con este breve análisis social descriptivo podemos comprender de entrada el por qué cada comunidad por más compacta y cohesionada que aparente estar se encuentra condicionada por el determinante socioeconómico, cualidad que hace dividir a las masas.


Por tal razón, es que para trabajar y hacer comunidad se es necesario conocer su trasfondo histórico (prácticas sociales, sus calles, refranes, arquitecturas, música, etc.) para hacer valer el cambio social que aspiramos para la comunidad de Savarona y país. De esta manera podríamos integrar a la comunidad y su sabor a pueblo con la agenda ciudadana y gubernamental que vaya a desarrollarse.

10 visualizaciones

Entradas Recientes

Ver todo