• Editorial Semana

El sueño de Navidad


Por Jaime Marcano Montañez


Pobre el ser humano que no tiene un sueño espiritual como Estrella de Belén en el sendero de su vida. No solo de pan vive el hombre. Necesitamos vivir en espíritu y verdad, con ilusiones creadores, con ensueños de luz, para que nuestra vida tenga la gracia del amor que ilumine los seres y las cosas.


La Navidad es un sueño viviente, encarnado en múltiples detalles hermosos, como las pequeñas bombillas que le dan a este tiempo un toque encanto místico. En la Navidad lo material se viste de ensoñación, como si el mundo fuese transfigurado en la luz del Espíritu.


Deseándoles a todos una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo, rogamos a Dios, para que la paz y el amor reinen en nuestros corazones. Para ello, publicamos hoy nuestro poema “Oración a Dios”, reconociendo la importancia de orar en este mundo de oscura incertidumbre, y de cultivar los valores espirituales que le dan trascendencia moral moral a nuestra vida.


Oración a Dios


Señor, hazme sencillo como el cantar de humilde pajarillo.


Que no sea un esclavo de las cosas, sino un buen mensajero de las rosas.


Que como Judas nunca yo te venda, y que mi ser comprenda la unidad misteriosa de este mundo en transparencia de un amor profundo.


Que para el triste en sus oscuros ratos no sea un gris Pilatos.


Que mi alma tenga espiritual fortuna de ser un confidente de la Luna; y sienta la alegría, Señor mío de darme cual rocío.


¡Oh, Padre, que mi ser irradie luz del nuevo amanecer que a diario me regalas; y así en mi corazón, abra mis alas.


Que pueda ver en tus hondas maravillas en las cosas sencillas; y, al contemplar la noche con estrellas, siga tus santas huellas.


Dame, Señor, la fe de caminar como Cristo que anduvo sobre el mar; y ofrezca siempre un limpio corazón con la luz de un perdón.


Que pueda ver, con mágicos asombros, florecillas que nacen entre escombros, y que la profecía más hermosa es, entre las espinas, ver la rosa.


Señor, mi Dios, por todo lo vivido, que tenga un corazón agradecido, Que pueda ver con un lírico candor en las flores el reino de tu amor, y que la muerte fue vencida un día que comenzó en el vientre de María.


Que mi ser no pretenda definirte o probar tu existencia, sino con humildad y amor sentirte con las aves que cantan tu presencia; y alumbre a todos con tu ser, Señor como paz interior.

Que pueda yo contigo conversar en la virtud de orar, y en la lágrima encuentre la hermosura de la Virgen tan pura.


Que con la fe que en mis canciones alzo santifique yo el polvo del camino en mi andar peregrino con la belleza del Jesús descalzo.


...Y así, consciente del final adiós en un mundo de penas y abrojos, al verme yo en el prójimo, en sus ojos, vea tus ojos que me miran, Dios.