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  • Foto del escritorEditorial Semana

El trabajo vivo de la historia


Por: Juan Ilich Hernández


Al hablar del trabajo vivo, rápidamente la imagen mental que tenemos del concepto es la representación de la actividad física y concreta que desempeñamos en cualquier quehacer cotidiano. Sin embargo, si nos adentramos a la raíz teórica y práctica que descansa sobre este término hallamos que aparte de ser un concepto derivado de la herencia filosófica del marxismo, resulta ser una indispensable herramienta para liberar a la subjetividad humana.


Mediante esta propuesta desarrollada por el joven alemán Karl Marx en su texto los “Manuscritos económicos y filosóficos” se inicia su inquietud por resaltar el trabajo no objetivo e inmaterial como fuente de actividad creadora y diseñadora de todo tipo de valor. Desde este enfoque es que la lógica del capital cobra otro modo de significación para las masas para hacer valer otros tipos de relatos, cuentos, y acontecimientos alternos con el propósito de investigar nuevas formas de resistencia ante lo establecido como pauta a seguir.

Siguiendo esta línea de pensamiento, filósofos como Enrique Dussel y Antonio Negri entienden que el concepto de trabajo vivo va más allá de los límites del capital ya que es la misma subjetividad humana la que le da el valor y fundamento a las cosas. Por tal motivo, el retomar lo histórico desde cualquier tipo de trabajo vivo es velar por el cambio social y cultural. Así que, este concepto más allá de llevar en sus raíces alguna producción de riqueza, tanto propia como ajena, nace de una preocupación ética y política de Karl Marx para ilustrar cómo el sistema capitalista se apropia del trabajo inmaterial. Hay que subrayar que este producto (trabajo inmaterial) es una mercancía no valorizada debido a que el trabajo intelectual no domina la teoría del valor añadido como excedente. Lo único que le importa y compete a los patronos es succionar hasta el más mínimo detalle de lo que producimos como fuerza de trabajo concreta y ganancial. Según Dussel, el gran capital es una especie de vampiro que solo se mantiene avivado devorando parte por parte al trabajo vivo.


La práctica social que resulta ser la alternativa e idónea respuesta para reconstruir el trabajo histórico es la misma teoría del conflicto. Esta busca en términos generales hace posible la creación de otra lógica del pensamiento y sentido vía el ejercicio de la lucha de ideas. Desde este enfoque se desprende la inacabable contienda entre las clases sociales privilegiadas versus subordinadas con el objetivo de superar y sofocar a los más vulnerables. Ha sido la superación de una clase, idea, territorio, modelo científico, entre otros factores sociales que en las sociedades se originan los cambios histórico- culturales. Es importante mencionar, que estos cambios, bien pueden ser revolucionarios como parciales. Debido a esta situación es que el trabajo vivo o intelectual en gran parte de los espacios sociales, no solo en Puerto Rico, sino también mundialmente es tan problemático por el simple hecho de que la naturaleza del pensamiento es ser libre.


En suma, sin el trabajo vivo no hay producción, ni mucho menos capital por lo que es mandatorio el volver a tomar la iniciativa de apreciar y valorar nuestra producción en el aquí y ahora. El ignorar este hecho es atentar con nuestra propia historia y pensamiento. Por tal razón, es que el retomar lo histórico es a su vez retomar la actividad libre y consciente que contiene la esencia del trabajo vivo (subjetividad humana), detalle que permite reconstruir un nuevo país.


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