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  • Foto del escritorEditorial Semana

El valor de un libro


Por: Lilliam Maldonado Cordero


Antes del tiempo de las computadoras, los teléfonos y aparatos inteligentes, eran los libros los vehículos capaces de transportarnos a otros lugares y épocas, estimulando nuestra creatividad y haciéndonos soñar.


En contraste al estímulo conducente a la satisfacción inmediata -pero breve- que nuestros cerebros reciben a través de la nueva tecnología, la experiencia que nos da la lectura de un libro ayuda a mejorar los procesos cognitivos, la concentración, la memoria y la atención. Asimismo, permite un aumento en el vocabulario desde temprana edad, azuza la imaginación y nos permite ver las cosas desde la perspectiva de su creador y de las voces que le dan vida a su historia. El libro también promueve la formación de ideas, el pensamiento crítico y la formulación de propuestas.


La experiencia de aproximarnos a la lectura a través de un libro proporciona placer desde el momento en que su relato o contenido nos atrapa detrás de su portada, colocándonos en el estado anímico que su autor se propone.


La incursión del libro impreso es el resultado las innovaciones tecnológicas que buscaban codificar los cambios políticos, económicos y religiosos de la época. Distintos organismos definen operacionalmente el libro. La UNESCO lo cataloga como “una publicación impresa no periódica que consta, como mínimo, de 49 páginas, sin contar las de cubierta, editada en el país y puesta a la disposición del público”. Los historiadores son más abiertos a su definición, dando espacio a la conservación de la información o memoria humana sin proponer cortapisas.


La historia del libro consta de varias etapas, desde los siglos XVII y XVIII, protagonizada por coleccionistas que impulsaban la confección de estudios monográficos o catálogos. Para el siglo XVIII, se logra la documentación de tipógrafos gracias a la transformación de la imprenta -el primer libro impreso por Gutenberg fue en 1455, luego de inventar la imprenta en 1440-. Más adentrado el siglo XIX, se profesionalizó y perfeccionó el libro como unidad, con énfasis en su fabricación, difusión y conservación en bibliotecas, para luego extenderse a todos los ángulos de la vida social.


Empero, el primer libro de la historia nos lleva al origen de la escritura. Según los expertos en el tema, la primera forma de lenguaje codificado fue el cuneiforme arcaico, que apareció alrededor de 3400 a.C, durante le primer periodo de la antigua civilización sumeria que se desarrolló entre los ríos Tigris y Eufrates, la actual Irak. Al lograr identificarse el primer lenguaje, se pudo ubicar la primera historia escrita, convirtiéndose La epopeya de Gilgamesh en el primer libro notable de la historia, aunque el escrito más antiguo fue los Textos de las Pirámides. Este recogía el relato mitificado de Gilgamesh, quien fuera líder de Uruk entre el 2700 y 2500 a.C. La Biblia constituye el primer libro impreso en una imprenta moderna, por lo que muchos le atribuyen ser el más antiguo de todos, aunque su primera versión completa data del año 400 d.C, escrita en pergamino.


La historia que dio vida al libro es fascinante. También, las historias que viven en los libros inspiran, cultivan y fortalecen las destrezas de compresión, cognitivas, de lenguaje, creatividad y ensoñación. Antes de regalar a un niño un juguete, piense en regalarle un libro. Antes de regalar una corbata o una pashmina, regale un buen libro. Existe un libro ideal para todos, hay de todos los precios y son excelente compañía.

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