• Editorial Semana

El viejo Victorio y el polvo del Sahara


Por: Juan David Hernández León, PhD c.


El viejo Victorio se sienta al lado del niño, después que el muchacho comienza a estornudar con una frecuencia poco usual. Le pregunta - ¿eres alérgico?, Tito, le contestó, sí, muy en especial al polvo del Sahara.


Victorio era negro, de vestimenta muy acicalada, pantalón kaki, con un filo que podía casi cortar un papel y una camisa blanca impecable con dos ligas, una en cada brazo. Era negro de piel y venía desde el pueblo de Guayama y se estableció en el barrio “El Buche “ de Caguas, allá para los años 30.


Tito era hijo de su hijastro Ernesto, quien era el consentido de la familia. Victorio le pregunta al niño de 7 años que - ¿si quería conocer una historia sobre el polvo del Sahara?, Tito, como niño curioso, le contestó que sí de inmediato. Le dice a su doña que le trajera un límber al muchacho y comienza el recorrido histórico.


Victorio le dice que hace muchos cientos de años atrás, los hombres eran libres y que en África había una serie de reinos. Muchos de ellos interaccionaban en la zona rural de los pueblos y otros eran de la zona urbana. Hubo una serie de confrontaciones entre ellos y apresaron a los vencidos. A muchos de ellos los pasaban por las armas, pero otros los mantenían prisioneros.


Los imperios de Europa del Este, comenzaron la compra y venta de los prisioneros y los cogían como esclavos, como si fueran cosas, no como seres humanos.


Cuando se encuentran los dos mundos de Europa y América, los europeos querían comenzar a explotar los recursos naturales que tenían la nuevas tierras encontradas y colonizadas por parte de los europeos.


Muy pronto comenzaron a bajar el número de naturales de Occidente o sea lo que conocemos como indios. El maltrato, las enfermedades, los suicidios en masa en fin por el atropello o genocidio de nuestros indios produjo la necesidad de sustituir la mano de obra por los pobladores de África.


Los primeros que trajeron fueron Ladinos que conocían el español o el portugués y estaban aculturalizados como europeos. Pero como no estaban acostumbrados a las labores de la minería fueron escapando para las indieras y a los lugares que no podían llegar los europeos.

Fueron miles los negros e indios que murieron por el maltrato de los blancos. La respuesta del continente africano es, precisamente enviándonos esa nube de polvo y de cuatro meses de tormenta al año para occidente.


De esta manera es que la naturaleza se desquita de la despoblación y saqueo de lo mejor de su pueblo, ya que la inmensa mayoría de los huracanes que atacan a occidente se producen en África al igual que el polvo del Sahara...


Cuando Victorio terminó el relato, Tito quedó muy triste. Miró al cielo. Su imaginación fértil quiso recrear la historia. Entonces imaginó que a través de la bruma espesa de polvo del Sahara, una caravana de hombres, mujeres y niños negros marchaba de regreso al continente africano, entonando una canción libertaria...