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  • Foto del escritorEditorial Semana

En el mes del amor




Por: Myrna L. Carrión Parrilla


No hemos terminado de recoger el árbol de Navidad, cuando ya las tiendas estaban llenas de mercancía con el tema de San Valentín. De hecho, que a febrero se le llame el mes del amor en gran medida se lo debemos al comercio y todo se pinta de rojo y de rosa.


¿Pero de dónde surge esta celebración, más allá de la promoción comercial que pueda habérsele añadido? Cuenta la Historia que para el siglo III, en Roma, existió un sacerdote llamado Valentín se opuso a la orden que dio el emperador Claudio II quien prohibió los matrimonios entre jóvenes, considerando que los solteros sin familia eran mejores soldados ya que tenían menos ataduras y vínculos sentimentales. Valentín opuesto a esto comenzó a celebrar en secreto matrimonios para jóvenes enamorados, de ahi8 se popularizó que era el patrón de los enamorados. Al enterarse el emperador lo sentenció a muerte un 14 de febrero del año 270. Para el 1840, una empresaria norteamericana, fue la precursora de la venta de tarjetas con mensaje y motivos románticos y dibujos de enamorados lo que se convirtió en todo un éxito.


La historia ha evolucionado y ya sabemos cómo se celebra San Valentín en nuestro país sin embargo, la base de todo estuvo en el respaldo, comprensión y valor que aquel sacerdote daba al amor que entre los jóvenes se daba, amor que culminaba en el deseo de formar un hogar a través del matrimonio.


Entre la evolución histórica de la celebración esta el que se promueva la celebración al amor, entre parejas, entre amigos, entre hermanos, entre compañeros y más recientemente se incluyen hasta las mascotas. La verdad que si la celebración la extrapolamos a más que compartir globos, chocolates, tarjetas y regalos y vamos a la esencia de los que es el amor, mucho significaría para el cambio social que todos anhelamos.


La definición del amor la incluye la Biblia en Corintios 13 que dice: “El que ama es paciente, es bondadoso. El que ama no es envidioso ni orgulloso ni se cree más que nadie. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El que ama no se deleita en la maldad, sino que se alegra con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.


El amor jamás se acabará. En cambio, el don de comunicar mensajes de Dios se terminará. El don de hablar en lenguas desconocidas y el de conocer los misterios de Dios desaparecerán. Porque los conocimientos que tenemos y los mensajes que compartimos son cosas imperfectas. Pero, cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño y razonaba como niño. Pero, cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera imperfecta, como en un espejo borroso. Pero un día veremos todo con perfecta claridad. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como Dios me conoce.


Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la mejor de ellas es el amor.”


Si lográramos hacer parte de nuestra vida diaria, este texto y viviéramos a la altura de este mensaje, sin duda, el nuestro mundo fuera mejor. En el mes del amor la invitación es, a hacer parte nuestra estas tres virtudes, la fe, la esperanza, pero sobre todo, el amor.

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