• Editorial Semana

En las reuniones familiares


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


Ya estamos a mediados del mes de octubre, época en la que el tema de las Navidades comienza a florecer para algunos. Hay quienes han invitado a montar el tradicional árbol de Navidad para, como han dicho, levantar la esperanza y el ánimo en aquellos que sientan que las situaciones vividas durante este año nos han desanimado, frustrado o lastimado. Esta invitación es bonita e importante, pero de nada servirá si nos olvidamos que no podemos bajar la guardia con las medidas de prevención. Es cierto que hay que adaptarnos a una nueva realidad que no podemos evitar, pero no debemos olvidar que hay que vivir en una constante prevención.


Sentir que se acerca la Navidad es siempre causa de alegría e ilusión, pero seguro que muchos nos estamos ya preguntando cómo llevaremos a cabo nuestros tradicionales encuentros y celebraciones, o si podremos realizarlos. Para ello, debemos hacer algunos cambios. Nuestra tradición lleva a que sea la Navidad el tiempo en que nos reencontramos con amigos, parientes y familiares que muchas veces no vemos durante el año. Nuestro concepto de familia extendida hace que sea en esas reuniones en las que mejor se perfila. Llega el primo, el compadre, el amigo, la vecina, los ex y los actuales, la tía y la madrina y todo el que con ellos ande. En esa reunión de marquesina, comemos y compartimos, cantamos y hasta bailamos y olvidamos los pesares. De ahí que todos esperamos, con luces encendidas y árboles naturales o artificiales, que llegue la Navidad a pesar de los pesares.

El alejamiento y la espera que la situación del COVID nos ha llevado, hace que alguna gente en la espera, desespera. Y han comenzado a salir, algunos con los cuidados y otros, quizás, muy confiados. Y viendo que se acerca la Navidad, comienzan las autoridades a advertir, que los estudios indican, que es en las reuniones familiares donde más contagios se encuentran. Fijémonos en lo siguiente.


Los expertos hacen un llamado a las autoridades para que se pueda lograr el cumplimiento de las medidas de prevención y de eso debemos reflexionar. Comencemos por reconocer que pueden imponer las más altas multas; pero si no hay policías para identificar a los infractores e imponer multas a aquellos que no cumplan, sólo letra muerta será. Esta semana vimos cómo hubo que cerrar la Academia de la Policía. Al escuchar la noticia me pregunté: ¿Pero no se supone que las escuelas y universidades no estén ofreciendo servicios presencialmente? ¡Realmente me perdí!


Por otro lado, las noticias también reportan que en Estados Unidos el Presidente se autoproclama inmune al virus, sin haber cumplido el tiempo que a todos se nos requiere estar en cuarentena si enfrentamos el virus. Su actuación implica un reto a las agencias que se supone más saben y lleven el control de los asuntos de salud y del virus, no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo entero. En resumen, ¿qué podemos esperar del público en general, si las autoridades son las primeras que se contradicen y con sus actuaciones confunden a cualquiera?


Por nuestra salud mental, pongamos la energías en ir pensando cómo la tradicional reunión familiar se puede dar, sin que sea ese el lugar donde el virus pueda llegar. Que la ilusión se mantenga y el afecto y el calor familiar, sigan siendo parte de nuestra próxima Navidad.

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