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  • Editorial Semana

Enfrentando la muerte de un ser querido


Enfrentar la muerte de un ser querido es quizás una de las experiencias más difíciles que la vida nos puede presentar. Tarde o temprano, todos experimentamos duelo, ya sea que el dolor que lo acompaña sea potencialmente predecible o no, no tiene diferencias.


Para Freud, el duelo es un choque emocional, un hecho traumático que deja una herida.


Si el duelo no se procesa a nivel emocional puede crear verdaderos bloqueos, casi quitando sentido a la vida.


Perder a un padre, así como perder a un querido amigo, trae consigo tristeza, dolor y cambios importantes en la vida de quienes quedan para lidiar con un vacío interior que inicialmente parece insalvable.


Sin embargo, con el tiempo, las emociones evolucionan, la tristeza se hace más llevadera y el recuerdo de la persona perdida suaviza el epílogo de su historia, completándola.


¡Descubre cómo afrontar y superar el duelo!


5 consejos para superar el duelo


El psicólogo italiano Luca Mazzucchelli enumeró cinco buenos consejos para superar un duelo. Entonces, esto es lo que debe hacer y, sobre todo, lo que NO debe decir, ni a los demás ni a usted mismo, cuando se trata de procesar la muerte de un amigo, un familiar, un padre.


Cómo superar un duelo:

1. No te descuides

2. Déjate ayudar y busca ayuda

3. Experimentar emociones, incluso dolorosas

4. Crea rituales de separación

5. Concédete cuatro placeres al día

Qué NO decir a alguien que busca superar un duelo:

•No preguntes “¿Cómo estás?”: La respuesta puede parecer obvia

• Evita los clichés, frases motivadoras, citas, consuelos banales

• No insistas en que debe salir, reconstruir una vida, y dejar de pensar en su dolor.

• No compares tu propia experiencia con la de la persona en cuestión.


Paradójicamente, la mejor manera de ayudar a alguien a superar un duelo es estar cerca de él, escucharlo incluso en sus momentos de silencio y esperar a que vuelva a sonreír. Tomará tiempo, pero sucederá. Todo a su tiempo.


Cuando un padre se va


Por mucho que un niño pueda prepararse, a lo largo de su vida, para despedirse de sus padres, cuando llegue el momento, no estará suficientemente preparado para hacerlo. Es un momento de transición que inevitable e indeleblemente marca la vida de una persona.


La pérdida de un progenitor establece un paso obligado, aunque no deseado, a una edad interior que va más allá de lo que podría definirse como “edad adulta” o “independiente”. Por primera vez nos vemos obligados a sentir la única responsabilidad de lo que somos, de nuestro comportamiento, de nuestras elecciones diarias.


En esos momentos es importante que encuentres un espacio para ti ya que ahora falta una figura que estaba presente.


En definitiva, no se trata de cuánto se sufre o quién se pierde, sino de cómo la carencia puede enriquecernos y madurarnos.


Lidiar con la muerte de un padre no es diferente de lidiar con cualquier tipo de duelo, pero su cicatriz ciertamente permanecerá para siempre como un recordatorio de un evento imborrable en la vida de un niño. Para superar el duelo, puede ser útil pedir el apoyo de un psicólogo, un consejero o un amigo cercano.

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