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  • Editorial Semana

Es de todos responsabilidad


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


De un tiempo para acá, prácticamente todas las semanas escuchamos de trágicos accidentes, de peatones, motociclistas y autos, en los que fallecen personas de todas las edades. Los grandes accidentes han sido casi siempre reseñados por los medios, pero tal parece que cada vez son más dramáticos los accidentes que se reseñan. Hemos visto de todo, se accidentan expertos en el manejo de autos y carros de carrera, jóvenes en motoras sin luces, cascos, ni tablilla, personas adultas con historial de ser muy responsables, lo único en común que identifico es que la mayoría son en autopistas o carreteras principales.


A muchas teorías llegamos los que desde lo lejos escuchamos la noticia y a otras tantas los familiares y amigos. Se habla del estado de las carreteras en unos, de la falta de luz en otros, pero en la mayoría, por no decir en todos, el exceso de velocidad de alguna de las partes, admitido o no, ha estado detrás de los sucesos.


Puede no haber luz, haber un hueco en la carreta, o haber llovido y accidentarnos, pero si la velocidad es moderada, los resultados son menos dramáticos ya sea con un peatón, contra un objeto fijo u otro auto.


Todos debemos reconocer, que, de un tiempo para acá, cada vez más, se observa que hemos perdido el respeto a las leyes de tránsito o acaso ¿quién se atreve cruzar una luz verde tan pronto cambia? Podemos hacerlo, pero cuidado que no nos cruce uno a toda velocidad, porque se fue no con la luz amarilla, sino con los segundos entre la luz amarilla y la roja y como resultado, se comieron una luz roja y a Dios que reparta suerte. Se ha vuelto moda, que cambie la luz y una larga fila de autos continúan cruzando como si su semáforo estuviese verde, lo peor, cuando crees que todos han pasado y de pronto como un rayo. Aparece un auto a toda velocidad y nos cruza por el frente, lo que requiere que, si somos responsables, mejor miremos a ambos lados e ignoremos el bocinazo del de atrás para que nos movamos, que salir con urgencia con la verde y terminar accidentados.


Añadamos la tentación del uso del celular, que ha hecho perdamos también la responsabilidad ciudadana que debe mantenerse en todo acto que como ciudadano llevemos a cabo y que puede afectar adversamente a nosotros y a nuestra comunidad.


Ir por autopista o carretera y ver un auto que se sale del carril y pasarle por el lado y verlo con el celular es casi lo mismo, otra razón para los resultados que vemos de muchos accidentes en las carreteras. Las adicciones se consideran enfermedades, por lo tanto, en algún momento habrá que darle nombre a la enfermedad o adicción que estas generaciones hemos ido desarrollando con el uso del celular. Una adicción “es un hábito de conductas peligrosas o de consumo de determinados productos del que no se puede prescindir” y los celulares, aunque útiles para el trabajo, la comunicación, la educación y muchos otros, nadie pensó que llegarían a convertirnos, en individuos y ciudadanos irresponsables, a convertirnos en un peligro en las carreteras y hacer de nosotros un enfermo social, por el vicio que con estos hemos desarrollado.


La velocidad excesiva, el descuido donde haya poca luz, el uso del celular mientras guiamos y continuar la marcha aún con luz roja, deja ver que es de todos responsabilidad, mucho de lo que pasa en nuestras carreteras.


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