• Editorial Semana

Esperanza para una nueva humanidad


Por: Jesús Santa Rodríguez


Una vez más el gobierno quería dañarnos la fiesta al intentar robarle relevancia al momento histórico registrado esta semana por la llegada de las primeras dosis de vacunas para el nuevo Coronavirus (Covid-19) a nuestro País. Una orden de la Oficina de Prensa de La Fortaleza atrasando la administración de este importante antídoto de manera sospechosa e inoportuna levantó todas las alarmas, y si el propósito era darle otro “photo-op” a la Gobernadora, definitivamente quedó “retratada para la posteridad”, como decimos coloquialmente. Con estas actuaciones, se cierra un cuatrienio insalvable de desastres y arribismo en nuestra Isla.


Por encima de este nuevo intento de sacar provecho mediático a las mayores desgracias que ha enfrentado nuestro pueblo, los profesionales de la salud que han apostado hasta la vida para acompañarnos durante este escabroso camino llamado Covid-19, temprano en la madrugada fría de este martes de Navidad inició el proceso de vacunación a los primeros héroes puertorriqueños que encararon el virus. Así, le restaron méritos no solo a los mitos y miedos que acompañan este proceso, sino que se colocaron en el lugar heroico que les corresponde y que, al parecer, querían quitarle los mercaderes de la maquinación política. Y como en las novelas con un gran final de redención, nos llega un regalo invaluable: la vacuna del Covid-19.


Nada debió empañar este momento. Es preciso resaltarlo señalando sus beneficios, que son mucho más positivos que los mitos que algunos quieren adjudicar a la vacuna. Solo necesitamos dar un vistazo a la historia de las pandemias globales, como hizo en marzo la revista Infosalus, que señaló: “Los grandes asesinos de la historia son las bacterias y los virus”. Pero, hay grandes protagonistas responsables de erradicar la muerte causada por las pandemias: las vacunas. Veamos.


Las cinco pandemias más letales han sido la viruela, el sarampión, la llamada gripe española o Influenza de 1918, la peste negra y el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH). Antes de desarrollarse una vacuna para la Viruela, llegó a matar 300 millones de personas -equivalente al 86% de toda la población actual de los Estados Unidos-. Según la Organización Mundial de la Salud, el sarampión, a su vez, acabó con la vida de más de 200 millones en lapsos de 2 a 3 años de epidemias que registraban 2 millones de muertes por brote, hasta que la vacuna fuera introducida en 1963. La mal llamada gripe española de 1918 también dejó una secuela estimada en 50 o más millones de muertos, entre el 3 y 6 por ciento de toda la población mundial de entonces. Por su parte, la peste negra redujo la población de la Península Ibérica a menos de la mitad. En toda Europa murieron unos 50 millones, reduciéndose la población de ese continente en un 38%.


Las epidemias y las pandemias han sido responsables de un número por mucho muy superior a las también repudiables guerras mundiales, con la diferencia que existe la voluntad para erradicar estos enemigos microscópicos llamados virus y bacterias.


Por ello, es esencial que tengamos conciencia de la necesidad de mantener este encierro temporero para romper con la cadena de contagios de esta nueva amenaza mundial. De la misma manera, como logramos erradicar los ciclos de muerte de otras pandemias gracias a las vacunas, debemos derrotar el miedo de los mitos infundados y celebrar este logro, que ha sido posible gracias a la suma de la ciencia y la buena voluntad de quienes han hecho la labor encomiable de enfrentar este virus, tanto los profesionales de la salud como los voluntarios que probaron la efectividad y seguridad de esta vacuna.


Pidamos a Dios por el consuelo para los millones de seres humanos que hemos perdido por el Covid-19 en el mundo y recibamos esta vacuna como el regalo de la Navidad para una nueva humanidad.