• Editorial Semana

Esto también pasará


Por: Jesús Santa Rodríguez


Aunque el recibo de un año nuevo, para algunos, es una futilidad por solo tratarse de un cambio rutinario de un día a otro, siempre nos llena de entusiasmo y esperanza el arribo de un ciclo nuevo a nuestras vidas.


Nuestra celebración está basada en una disposición del Papa Gregorio XIII que instauró el 1 de enero de 1582 como el Año Nuevo. Por eso, nuestro calendario gregoriano, que sustituyó al juliano introducido por Julio César en el año 46 a.C., lleva su nombre.


La celebración del año nuevo se remonta alrededor del dos mil a. C., a la antigua Babilonia. Otras culturas celebran su año en otras fecha, entre ellas el Año Nuevo Chino. No importa cuando se celebre, siempre hay un eje en común: el renacimiento, desde el frío invierno para encaminarnos a la fertilidad de la primavera, una nueva vida y otras oportunidades.


Esta despedida de año para toda la humanidad, especialmente para Puerto Rico, representa una coyuntura importante. Más allá de “pasar la página”, es un signo muy especial que señala un camino nuevo, una hoja en blanco que iremos llenando con confianza y aspiraciones, seguros de que todo pasa.


Existe una leyenda, relatada de diferentes formas por distintas tradiciones, que dan cuenta de un rey muy poderoso que un día decide reunir a sus sabios para que, en una sola frase, acuñaran toda la sabiduría humana. La tradición judeocristiana que atribuye la fábula al rey David y a su hijo Salomón, dice que la frase fue grabada en una moneda guardada en un cofre. La tradición africana, a su vez, relata que unos sabios escribieron la máxima en un pequeño rollo de papiro que fue colocado en la sortija del rey, con una instrucción sencilla: solo la abrirás en momentos de gran abatimiento o de gran alegría.


Un día, el rey fue presa de la persecución. Sus enemigos habían tramado un complot para derrocarlo y matarlo. Desesperado, huyó a las montañas dejando atrás a sus fieles seguidores en defensa de su trono. Reflexivo, decidió abrir la prenda para sacar el pequeño rollo con la inscripción de sus sabios. “Esto también pasará”, leía el papel. Esta sentencia lo llenó de valor, y con los súbditos que lo acompañaban se lanzó de los montes a liderar a su ejército, prevaleciendo en combate.


Una vez recuperada su estancia y multiplicándose sus riquezas, el rey cayó rehén de su soberbia, dándole la espalda a su gente, descuidando su trono y su familia. Durante una de sus fiestas, se le acercó uno de sus sabios. “¿Recuerda el día en que nos pidió que resumiéramos toda la sabiduría en una frase?” El rey asintió y le dijo que el consejo le fue muy útil en el momento de desesperación, y que gracias a ella recuperó su trono. El sabio le aconsejó que volviera a leerla, para que apreciara lo que tenía y no volviera a arriesgarlo, porque “esto...también pasará”. Este cuento, producto de la sabiduría del folclore que se ha repetido a través de los años y de varias las culturas, debe resonar en nuestras mentes en todo momento.


Hace unos años, sentimos con ansiedad que la devastación de los huracanes no pasaría nunca. Todos hicimos largas filas para comprar alimentos, agua, comida y gasolina. Para muchos ese tiempo pasó, pero no para todos. Del mismo modo, para muchos de nosotros los terremotos son muy ocasionales, pero esa no es la experiencia de otros. Muchas de nuestras familias viven a merced de remezones diarios y algunos todavía permanecen sin hogar.


En este nuevo año que esperamos con ilusión no olvidemos que, tanto las experiencias buenas como las malas son transitorias, que somos los arquitectos de nuestra vida, pero también los responsables colaterales de la vida de otros. Vivamos desde la compasión, la corresponsabilidad y el amor, conscientes de que todos somos hermanos y peregrinos. iFeliz Año Nuevo!

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