• Editorial Semana

Feminicidios y Perspectiva de Género


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


“La educación es el instrumento más poderoso con que podemos cambiar el mundo” (Nelson Mandela)


Aprendí, a través de las diversas visiones filosóficos, que la educación sin el desarrollo de una conciencia social solidaria y humanitaria resulta realmente inconsecuente dado que el factor afectivo juega un papel preponderante no tan solo en el proceso de ‘enseñanza-aprendizaje’, sino también en el comportamiento sociocultural de los futuros profesionales. Influyentes pensadores y reformistas educativos de la magnitud de Rousseau, Pestalozzi, Hostos y Freire, entre otros, favorecieron una educación capaz de enseñarnos a razonar, a pensar y a solidarizarnos con nuestro entorno social. Ello, en contraposición a una educación materialista, individualista y aristocrática. Todos ellos visualizaron la educación como un instrumento de cambio tanto cognitivo, afectivo como psicomotor y como tal, favorecieron el desarrollo del pensamiento critico, autogestión, toma de decisiones y la solidaridad social como factores determinantes para las relaciones humanas y el desarrollo de los pueblos.


No soy psicólogo, pero he podido aprender, por experiencias personales, que el comportamiento humano es un fenómeno complejo, abstracto, vulnerable y problematizado sujeto a factores genéticos y las circunstancias que nos rodean. De ahí la postura de Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Por consiguiente, nadie puede negar que la violencia de género, tanto en Puerto Rico como en otros lugares del mundo, se ha convertido en uno de los lastres más denigrantes y repudiados por la abrumadora mayoría de los puertorriqueños. Durante la última década se ha debatido la necesidad de incorporar la “perspectiva de género” en el ámbito escolar para mejorar las relaciones hombre-mujer y personas no binarias. Sin embargo, este innovador instrumento educativo, que a nuestro juicio debe servir de bujía para promover el conocimiento de la naturaleza humana y fomentar empatía, inteligencia emocional, sensibilidad, tolerancia y solidaridad entre los géneros, ha sido insistentemente torpedeada, tergiversada y rechazada particularmente por los sectores conservadores y fundamentalistas. Por supuesto, se trata de un instrumento para combatir el machismo y la anquilosada cultura patriarcal tan arraigada en nuestras mentes.


El feminicidio es parte de la descomposición social que nos arropa aun cuando pueda decirse que amplios sectores de puertorriqueños conviven en paz y armonía al tiempo que hemos aprendido a respetar y valorizar la dignidad, la equidad y los derechos tanto de las mujeres como de personas no binarias. Repudiamos, desde lo más profundo, la ola de violencia y feminicidios contra nuestras compañeras, que representan lo más digno, noble y desprendido de la naturaleza humana. Llegamos al mundo desde el vientre de una mujer y sin ellas nada en esta vida hubiera sido posible. Su capacidad de creación y su inteligencia natural ante los retos de la vida, le concede a la mujer un rasgo de superioridad difícilmente alcanzable por hombre alguno.


Ante la ola criminal de feminicidios que nos arropa y consume, bienvenida sea la “perspectiva de género”.