• Editorial Semana

¿ Gustazo o necesidad ?


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


Hace más de diez años que hemos estado enfrentando un descenso económico que por momentos parece tener leves mejorías, pero que sin duda no experimentamos un crecimiento fijo y balanceado que podamos decir todos que estamos mejorando.


Decisiones del pasado eliminaron significativos centros de trabajo y no se proyectó para sustituir lo que perdimos. Aunque tengo mis posiciones, si entráramos en cuál fue propósito, caeríamos en el inevitable tema de quién o quienes tomaron las decisiones y cuáles fueron sus verdaderas razones y la historia ya los ha descubierto. Además, caeríamos en lo político y en si estamos o no de acuerdo. De eso tenemos de más y estamos para reflexionar, no para separar.


En los últimos años, al hablar de nuestra situación económica no se pueden pasar por alto los efectos que han añadido el huracán María, los temblores y ahora la pandemia. Experiencias, que se han convertido en parte de todas nuestras conversaciones pues nos han impactado de tal forma que responsablemente es imperativo considerarlo para toda planificación presente y futura.


Antes de estas experiencias, los puertorriqueños pertenecientes a la clase trabajadora vivíamos tomando las precauciones necesarias. Muchos hermanos puertorriqueños salieron del país en busca de lo que llamaban una mejor vida. Sin duda, esa mejor vida se refería más a la seguridad que sentían en términos laborales, pues está más que estudiando, el impacto adverso en la estabilidad emocional y hasta física que produce en los individuos, especialmente jefes de familias, el quedarse sin empleo y con pocas las oportunidades, ofertas o posibilidades de obtener un nuevo empleo.


Los puertorriqueños hemos adolecido de buenos hábitos en el manejo del dinero. No sé si se debió, a 0que por muchos años vivíamos con oportunidades y crecimiento económico, si nos confiamos demasiado, si fue en algún momento el patrono más grande era el gobierno y el saber que en treinta años habría un retiro “seguro”, (lo que ya sabemos que necesariamente no será así) o si las ayudas económicas del gobierno federal que nos hicieron creer, que siempre habría dinero, o si hubo otra razón o una combinación de muchas.


En fin, el pueblo no aprendió a ahorrar. Este mal hábito, ahora más que nunca requiere, de que nos reinventemos, de que aprendamos el valor del ahorro. Me pregunto también si nos hemos dejado afectar por las culturas que casi nos están asimilando y nos han hecho creer que la inmediatez es más importante que la planificación y mirada al futuro. Sin duda se vive el presente, pero olvidar el pasado, nos hará repetir los mismos errores y obviar el futuro, nos lleva a vivir sin responsabilidad.


Ante la situación que actualmente vivimos, donde muchos negocios de toto tipo no saben si reabrirán y como consecuencia muchos empleos se perderán, horarios se reducirán y por otro lado algunos hogares deberán decidir si trabajar o educar a sus hijos en el hogar… hoy más que nunca, debemos valorar el ahorrar y tendremos que por obligación, en cada decisión que implique un gasto preguntarnos, si lo que pagaremos responde a un gustazo, un lujo o a una real necesidad.

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