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  • Foto del escritorEditorial Semana

Hablemos también del cambio climático


Por: Lilliam Maldonado Cordero


En 1992, el expresidente Bill Clinton desarrolló una campaña enfocada en el resquebrajamiento de la economía estadounidense, junto a una propuesta de cambios en la política pública de ese país y un enfoque en el mejoramiento en los servicios de salud. Con ello, Clinton acuñó la frase “Es la economía, estúpido”, refiriéndose a las vicisitudes que padecía la clase trabajadora, seduciendo así a los potenciales votantes sobre el efecto de la recesión contumaz que había encarecido la vida de los hombres y mujeres de a pie. Entre la afectación al bolsillo de los trabajadores y la caída en la popularidad del ex presidente George H. W. Bush, Clinton logró catapultarse a la presidencia de Estados Unidos.


Después de haberse popularizado esa frase, la economía se ha mantenido en un movimiento pendular en el que se asoma la desaceleración económica seguida de una que otra bonanza, sin que se pueda gozar de periodos prolongados de holgura financiera. Al igual que el tema de la economía, el clima es una de las mayores preocupaciones que nos deben ocupar, quizás mucho más.


Durante los pasados meses nuestro país ha estado a merced de profundas olas de calor, seguidas por periodos de intensa lluvia y la formación de sistemas que se organizan en horas para componer depresiones, tormentas y huracanes que han afectado no solo a Puerto Rico, sino a países como México, República Dominicana y Haití, Cuba, Bahamas, Bermuda y Estados Unidos. Ya cercanos al final de la temporada de huracanes, nada menos que en noviembre, una tormenta amenazaba la península de la Florida con lluvias copiosas y tornados.


Mientras los principales países han redirigido sus esfuerzos al desarrollo de política pública enfocada la disminución de la producción de los gases de efecto de invernadero que alteran significativamente la composición al interior de nuestra atmósfera, Estados Unidos y, por adopción, nuestro País, no aplican políticas públicas responsables con el entorno. El efecto invernadero, por sí, es un fenómeno natural que ayuda a mantener el nivel promedio de temperatura en la superficie del planeta, lo que propende a la vida como la hemos conocido y conocemos.


Aunque explicar el fenómeno invernadero es mucho más complejo, en síntesis, es lo que ayuda a mantener la temperatura media actual de 15 grados Celsius en lugar de temperaturas tan gélidas como 18 grados Celsius bajo cero. Sin embargo, la actividad humana ha provocado un aumento significativo en las temperaturas dentro de nuestro hospitalario “invernadero planetario”, provocada por la alteración en los gases que retienen parte de la radiación térmica que emite la superficie de la Tierra calentada por el Sol dentro de nuestra atmósfera. De acuerdo con evidencia científica, esta alteración es la causa eficiente para el incremento en la actividad ciclónica, los fuegos forestales, el derretimiento de los glaciares y el aumento en el nivel del mar.


Descartar la huella humana en las consecuencias climáticas que enfrentamos y enfrentaremos es, más que soberbia, insensatez. Por ello, como ciudadanos del mundo, estamos llamados a reclamar a los líderes desarrollar política pública responsable para con el planeta. Si bien es cierto que la economía tiene un efecto significativo en la calidad de vida de la gente y no atenderla es una actitud irresponsable, la destrucción de los recursos y el menoscabo de las condiciones de vida en un planeta habitable representan una amenaza patente al potencial de la vida, según la concebimos.

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