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  • Foto del escritorEditorial Semana

Inviable la inversión social sin desarrollo económico




Por: Jesús Santa Rodríguez


Todos aspiramos y merecemos vivir en un Puerto Rico mejor, con ofrecimientos de primera para los visitantes y un porvenir más prometedor para quienes habitamos la isla. Estas no son expectativas exageradas sino razonables para cualquiera que aspire a disfrutar de una vida plena y productiva junto a su familia. Hace unas décadas, nuestra isla ocupaba el primer lugar como destino para la inversión y era catalogada como modelo para otros países del hemisferio en cuanto a desarrollo industrial y empresarial, y un notable avance social en comparación con otras naciones.


Pero, durante los pasados años nuestro país se ha venido a menos, y esto no es un secreto. Desde hace un tiempo vemos tronchadas aquellas transformaciones necesarias para que sea un lugar atractivo para vivir y aspirar a más. Esto se da, en gran medida, como consecuencia de la falta de planes formales abarcadores que atraigan y retengan inversión a toda escala, y la ausencia de proyectos dirigidos a la transformación integral de las principales estructuras del país para elevarlas a las de aquellos que son modelo en dinamismo económico y social. Asimismo, la corrupción institucionalizada y la dejadez entronizada de un gobierno impedido, por elección propia, de cumplir con sus deberes y ejercer sus facultades, son causa eficiente para nuestro estancamiento.


Para ser un país más atractivo es necesario lograr un cambio integral, desde mejorar el acceso a salud de calidad, educación de primer orden, más seguridad, una infraestructura vial óptima, servicio de transportación masiva eficiente y puntual, redes eléctricas confiables y diversas que cuenten con mayor producción de energía limpia a precios razonables, y servicio de agua de calidad. Sin embargo, el gobierno de los últimos años se ha afanado más en favorecer a los amigos y asociados a su eje de poder que en gestionar siquiera los miles de millones de dólares en asignaciones ya aprobadas por el gobierno federal para solventar la reconstrucción de carreteras, redes eléctricas, hogares y tantos otros recursos que, aunque son una solución temporera, ayudan a encaminar la reconstrucción.


No obstante, más allá de esto el gobierno está obligado a identificar e implantar iniciativas que inviten a más inversionistas -foráneos y locales- para confiar sus emprendimientos comerciales e industriales y depositarlos en el país, mediante la facilitación y agilización de permisos, aun respetando las leyes y los recursos. Es decir: es necesario incentivar la inversión de forma estructurada, preferiblemente con énfasis en atraer capital interno que genere riqueza desde dentro del país, con iniciativas creativas, y retenerlas, de manera que continúen gestando más desarrollo y mejores beneficios a futuro.


Sin la potenciación de la economía es inviable realizar inversión social. Toca al gobierno afinar y afianzar una política de desarrollo económico a corto, mediano y largo plazo para encarar el proceso de redención de este país, atribulado desde hace tiempo, por un lado por eventos naturales y, por el otro y el peor, la torpeza de un gobierno que no sabe ejercer el poder por el pueblo y para el pueblo, incumpliendo crasamente con sus deberes constitucionales. Para hacerlo bien, ¿qué está esperando?

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