• Editorial Semana

Juan Dalmau: Máxima esperanza descolonizadora


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


“La Patria no le pertenece a nadie en particular, pero si así fuera, le pertenece a los que le sirven con honor, decoro y dignidad” (José Martí)


El 3 de noviembre de 2020, seis puertorriqueñ@s se disputarán no solo la gobernación de Puerto Rico sino también la dignidad y el futuro político de nuestro país. Cada uno de ellos, salvo la honrosa excepción de Juan Dalmau y sus compañer@s de lucha, favorecerán, desde sus respectivas visiones coloniales, la perpetuidad de nuestra relación de inferioridad política ante EE.UU. al tiempo que se alinearán sumisamente ante la presión del neoliberalismo para privatizar nuestros activos esenciales y endosar la presencia inmoral, ilegal y antidemocrática de la Junta de Control Fiscal. Cada uno de estos aspirantes tendrán como prioridad el continuismo del dominio de EE.UU. sobre Puerto Rico y como tal, se convertirán en cómplices de la corrupción, la emigración masiva, el predominio del inversionismo extranjero, estrangulamiento de nuestro comercio y la dependencia de fondos federales como máxima aspiración de nuestra economía.


Ya escucharemos a cada uno de esos aspirantes prometiendo “adecentar la administración pública” como si ello fuera la raíz de nuestro problema gubernamental. Esa actitud de negación pretende esconder bajo la alfombra nuestra verdadera problemática colonial. Esa falta de poderes políticos y jurídicos constituye inequívocamente la más infame y vergonzosa camisa de fuerza que nos impide utilizar no solamente nuestras propias prerrogativas comerciales sino los poderes jurídicos para procesar a los inescrupulosos que le roban a nuestro País.


¡Seguro que queremos erradicar todos los males gubernamentales que corroen la fibra moral y existencial de nuestro pueblo como la corrupción, nepotismo, malversación, contratos inmorales, politización y el inversionismo político. No obstante, toda esa podredumbre tiene que ser erradicada desde la independencia política y no desde el yugo del colonialismo. El colonialismo, por su propia definición, es un “crimen contra la humanidad en abierta violación de los derechos humanos”. Ese lastre político tiene que ser erradicado a la brevedad posible. Se trata de una relación de subyugación política abiertamente inmoral, ilegal y antidemocrática. Esa condición nos identifica peyorativamente como la última gran colonia del planeta Tierra y como tal, nos corresponde combatirla hasta su total erradicación.


La emancipación política de nuestro País requiere un liderato de la fibra moral de Juan Dalmau y sus compañeros de lucha. Los demás aspirantes carecen de un proyecto de pueblo capaz de rescatar, reconstruir y culminar nuestra reconciliación nacional. La ONU se fundó en 1945 con apenas 50 países pero actualmente cuenta con 193 países libres y soberanos. Ninguno de ellos pretende regresar a su antigua metrópolis. Basta ya del bipartidismo colonial y corrupto responsable de nuestra ruina socioeconómica y existencial. Seguir apoyando a nuestros verdugos constituye francamente un acto de masoquismo colectivo.


Una Patria Nueva y democrática solo es posible con Juan Dalmau y sus compañer@s de lucha. Reconstruyamos un país libre, digno, solidario y soberano.

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