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  • Editorial Semana

La ansiedad


Por: Lilliam Maldonado Cordero


La incertidumbre que sufrimos por la indecisión de la ruta que tomaría el huracán Fiona solo fue superada por el paso implacable de esta sobre Puerto Rico. A pesar de que la mayoría de los puertorriqueños estábamos preparados para este fenómeno atmosférico, muchos sufrieron por la ansiedad provocada por el recuerdo del huracán María por nuestro País hace cinco años.


La ansiedad es una respuesta normal a eventos estresantes de la vida, como las pérdidas, los fracasos, un cambio de empleo, una mudanza o problemas financieros. Sin embargo, la sensación continua de ansiedad puede tener consecuencias debilitantes y serias que podrían intervenir en nuestras vidas. Esto podría transformarse en un trastorno de ansiedad generalizada.


En nuestro País, lamentablemente, hemos aprendido a normalizar la falta de servicios esenciales, por ejemplo, de la interrupción frecuente de la electricidad. Después del paso de María y, más recientemente, Fiona, no solo sufrimos la pérdida de este servicio, sino que la mayoría de los hogares y negocios tampoco tenían agua potable. Una consecuencia inmediata de esto es la afectación de las condiciones de higiene y salud. También, la pérdida de alimentos descompuestos.


La preocupación excesiva y continua es, también, causa de ansiedad, afectando la concentración y la habilidad de realizar las tareas cotidianas y profesionales. Produce periodos de agitación con manifestaciones físicas, que incluyen, pero no se limitan, a palpitaciones, sudoración excesiva, nerviosismo y dolores de cabeza. Estos síntomas también podrían desencadenar en elevar la presión arterial y potenciar fatiga física que pudiese evolucionar en insomnio o tensión muscular.


La ansiedad también podría afectar la memoria funcional, responsable de codificar y retener información a corto plazo. Es por ello que muchas personas que están bajo un estado de ansiedad constante podrían presentar un pobre desempeño en el trabajo y en sus relaciones personales.


La ansiedad también podría causar que evitemos situaciones sociales y hasta el desarrollo de ataques de pánico, que es un miedo intenso y abrumador que puede ser debilitante, con sensaciones como presión del pecho, palpitaciones, náuseas y miedo infundado a perder el control o morir. Finalmente, la ansiedad podría llevarnos a desarrollar temores irracionales o fobias capaces de interrumpir la actividades diarias.


Existen formas naturales de manejar o reducir la ansiedad que nos ayudarán a sentirnos mejor. Entre ellas, limitar o eliminar el consumo de cafeína y alcohol, dejar de fumar, llevar una dieta saludable, rica en vegetales frutas y carnes magras, e incluir suplementos vitamínicos y probióticos en proporciones adecuadas. También hacer ejercicio con frecuencia podría reducir el riesgo de sufrir ansiedad. Otras prácticas que podrían ayudarnos incluyen la terapia de meditación, que se conoce reduce los niveles de estrés, así como practicar yoga con regularidad.


La ansiedad es, en resumen, sufrir de preocupación excesiva capaz de interrumpir nuestro desempeño diario. Sin embargo, existen enfoques naturales, terapias conductuales y cognitivas, y tratamientos farmacológicos para tratarla. No importa el tipo de ansiedad que podamos sufrir, ya sea como consecuencia de las situaciones que nos afectan en este momento de emergencia, o a raíz de crisis personales e inestabilidad profesional, existen soluciones para ayudarnos a aliviar y hasta superar la ansiedad.


Es importante buscar ayuda profesional a tiempo si los síntomas son frecuentes, graves y debilitantes, lo suficientemente como para interferir con la vida normal.


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