• Editorial Semana

La experiencia del año 2020


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


Nos encaminamos a la mitad de noviembre, el cambio en el clima, anuncio de ventas especiales y hasta árboles navideños en los hogares de forma un poco anticipada a lo que era la tradición, ya se sienten y con esto vemos acercarse rápidamente el cierre del año 2020.


Recuerdo que con el advenimiento de un nuevo siglo, una gran mayoría, visualizábamos un tiempo de innovaciones, experiencias, soluciones y grandes y mejores oportunidades. Al inicio de mismo, gobiernos, instituciones e individuos, nos proyectábamos para la década y en aquellos asuntos de mayor trascendencia, planificábamos para los primeros veinte años de un nuevo siglo que veíamos llegar, llenos de ilusión y esperanza, sin duda confiábamos que un nuevo Puerto Rico mejor era posible. La primera década pasó y casi inadvertidamente y se acercó el 2020. Dos décadas muy distintas, la primera matizada por recursos y oportunidades y la segunda, sentía el impacto de un cambio económico y social que se iba agudizando cada vez más.


Luego de un año 2019 en el que se marcó la historia de nuestro país, pues dos cosas muy grandes sucedieron, cosas nunca antes vistas y mucho menos esperadas. Primero, ver como aquellos que llegaron al poder con la confianza del pueblo, defraudaron a grandes y chicos con sus conductas y segundo, como un pueblo indignado hizo renunciar y sacó del poder a un gobernante. Cosas que muchos nunca pensaron se darían en un pueblo como el nuestro. Así cerró el 2019, con un nuevo Puerto Rico, pero con la ilusión de un año 2020.


Aún con los nuevos retos, se mantenían grandes expectativas en un año que esperábamos como un ícono de grandes posibilidades. Llegó el 2020, trayendo experiencias nunca antes vivida por estas generaciones. Inició el año con temblores sin precedentes que pronto produjeron un cambio en el ambiente. Estas experiencias y sus resultados, hicieron que el temor y la inseguridad, sustituyeran la ilusión y la seguridad de que todo sería mejor con el nuevo año. Sin recuperarnos de las mismas, semanas después volvíamos a enfrentar otra situación nobel para nosotros. Una pandemia recorría el mundo y Puerto Rico la veía llegar sin poder hacer nada para detenerla. Un virus no conocido, no saber cómo prevenirlo y una rápida transmisión que iba cobrado la vida de miles y miles en el mundo entero.


Llegó el 2020, con él las elecciones. Un año que desde su inicio ha estado matizado por las crisis, hicieron de esta campaña electoral una muy distinta. Actividades con menos recursos, el distanciamiento y seis candidatos a la gobernación. Y salió el pueblo a votar, el resultado, la apatía en unos con estos procesos hizo que no salieron a votar, la activación de otros especialmente jóvenes, la generación del “no me dejo” que quisieron manifestar con su voto sus deseos de dejar saber que están presentes y con ellos hay que contar. El malestar de otros que hastiados de los manos manejos y la falta de respeto a la confianza del pueblo, salieron y con su voto escogieron a aquellos que entendieron eran capaces. Voto castigo, no pudo faltar.


La nueva realidad es que las experiencias, de una manera distinta han llevado a la gente a votar. Como alguien dijo “los ciudadanos ya no son caudillos de las insignias sino de las causas” así que quien quiera gobernar, tendrá que afinar oído, saber identificar las causas, trabajar con las alianzas, asegurar la transparencia, ajustar lo necesario y reconocer que, en el 2020, la visión debe ser perfecta (20-20) y a la gente, ponerla primero. Ya casi termina el año y lecciones demás hemos tenido, lo importante es buscar si las mismas las hemos aprendido.

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