• Editorial Semana

La Filantropía y el pueblo


Por: Juan David Hernández León, PhD c.


Estuve dialogando con un viejo amigo, quien fuera de los altos cuerpos de la Logia Odfélica de Caguas, sobre la realidad social en que se desarrollaron la mayoría de los miembros de la organización. Cuál fue mi sorpresa al conocer que la mayoría de las personas que me mencionó eran viejos amigos, muchos de ellos padres de amigos de la infancia. Entre otros: D. Rafael “Rafita” Díaz Borias, padre del músico, Rafaelito “Falín” Díaz y socio de D. Lino Rivera, padre de “Linito” Rivera Rovira. Su colmado quedaba en la calle Jiménez Sicardó, esquina Dr. Rufo; D. Ramiro López Fontánez, padre de los ingenieros Ramiro López hijo y Ernesto “Papín” López. Su colmado quedaba en la calle José Gualberto Padilla “El Caribe” esquina Vizcarrondo. También estaba D. Víctor Díaz, padre del Profesor, D. Carlos Díaz Figueroa, quien era lechero y D. Fundador Eliza, mecánico y padre del Dr. Miguelito Eliza y del Ingeniero Erick (Ericito) Eliza. Fuera de la organización debemos mencionar a D. José “Pepe” Ríos y sus hijos José y Miguel que tuvieron en sus manos el colmado “Las Delicias” que quedaba en la calle Georgetti esquina Miguel F. Chiqués en Savarona. La mayoría de estos colmados quedaban en el Este de la ciudad, o sea en los alrededores de los Tres Brincos. Los consumidores en su inmensa mayoría eran personas de poca capacidad económica. Debemos mencionar que era una época en la cual no existían los “cupones de alimento”.Existía desde la década del 30 un programa que se conocía como la P.R.E.R.A. (Puerto Rico Emergency Reconstruction Agency). Pero la realidad era que en los establecimientos mencionados, entre muchos otros, funcionaba la compra a crédito o “fiao”. El comerciante apuntaba en una libreta la mercancía que vendía a crédito y el consumidor le apuntaban en otra, para que supiera hasta donde llegaba la longaniza o lo que correspondía pagar.


Me señala Don Carlos Díaz que “Mi Viejo en ocasiones, le dejaba la cuartilla o el litro de leche gratis a las personas que le debían, es más, en los colmados le condonaban la deuda a los menos afortunados y les decía, bueno borrón y cuenta nueva”. Don Carlos le pregunta a su padre ¿por qué, tu hacías esa labor filantrópica papá? él le contestó que “¿cómo él iba a dejar sin leche a esos muchachos y sentir la carga de que se acostaran sin algo en el estómago?” “Se me caería la cara de vergüenza al verlos, no a ellos, sino a ti y a tus hermanos sin un pedazo de pan en el estómagos de esos seres humanos. No nos cabe la menor duda que TODOS los demás dueños de pequeñas empresas del barrio donde me crié hicieron actos de filantropía de la misma calidad que el Viejo Don Víctor “El Lechero”. Don Ramiro, Don Rafita, Don Pepe y José, Don Funda entre muchos otros cristianos en la práctica, se dejaron sentir en los sectores más necesitados.


De otra parte, no queremos finalizar la columna de hoy sin mencionar al Licenciado Filiberto Santiago, quien contribuyó con causas meritorias desinteresadamente, como FUNDESCO, para personas de escasos recursos económicos. También, Don Filiberto contribuyó con decenas de individuos que tenían necesidad imperiosa de ayuda monetaria, al igual que con instituciones sin fines de lucro. Debemos reconocer al dador alegre y más en unos tiempos en el cual el Estado no ha ofrecido el mejor ejemplo. Esperamos que en su momento todo ese amor que está en el pecho del buen Borincano se vuelque a favor de nosotros mismos. . .

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