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  • Foto del escritorEditorial Semana

La filosofía como base del análisis histórico


Por: Juan Ilich Hernández


Más allá de ser la filosofía la madre de todas las áreas del saber humano es también el arma emancipadora de los pueblos vía su análisis histórico- cultural. Este hecho cobra mayor embate y concretización con la misma historia de la filosofía la cual nace de un acto político desde los tiempos presocráticos. Es en ese sentido, que a través del ejercicio de la introspección y búsqueda del origen que fue entretejiéndose el significado de la filosofía en el campo histórico.


Si nos adentramos dentro de la trama histórica que existe en el área historiográfica de la filosofía, ya de entrada hallamos que hay un sinnúmero de tipos de razonamiento lógico- formales, estéticos, epistemológicos, entre otros, que hacen nuevamente ligar lo filosófico con lo histórico. Esta ligazón que comparten ambos campos del saber evidencia cuán armoniosa e imprescindible resulta ser su labor sinérgica. Dicha ejecución hace posible la comprensión, interpretación, análisis y significación de los fenómenos e incluso hechos sociales que se nos presentan a lo largo de la evolución humana. Desde la confección de las primeras tecnologías como ha sido el fuego, el tallado y escritura en piedra, entre otras invenciones socio-técnicas, va abriéndose el camino de la transformación de la naturaleza y pensamiento humano. Cada uno de estos hechos históricos, evidentemente ilustran la íntima relación que guarda, tanto lo histórico como lo filosófico para el terreno evolucionista y científico.


Por tal razón, es que aun intentando salir del condicionamiento geográfico como sociocultural de algún contexto en particular, lo histórico como filosófico siempre serán los ejes claves para analizar el trasfondo de tal región, país, pueblo, latitud, etc. Siguiendo esta línea de pensamiento, logramos visualizar cómo la tradición filosófica heredada desde hace ya más de dos mil años lleva en sus entrañas la búsqueda por la producción de conceptos, justamente como nos presenta el filósofo Gilles Deleuze. Este expone que, “la filosofía es el arte de formar, de inventar y fabricar conceptos, mientras que el arte crea perceptos y afectos”. Mediante este planteamiento muy bien se delínea cuál es el corazón de la filosofía, a su vez se desprende el rol que llevan las artes dentro del campo histórico. Dicho rol abre el camino hacia lo que es la creación y sentimientos como ejes centrales para la transformación, tanto individual como sociocultural. Traemos este dato a colación, ya que describe e ilustra al detalle que la función básica de un filósofo al igual que historiador no reside meramente en inventar y hallar nociones, sino más bien, estos buscan recrear nuevas maneras de cómo percibir al mundo (Deleuze, 1987).


Analizando cuáles son las bases centrales del campo filosófico como histórico, hay que tener siempre en cuenta, que estos llevan intestinamente el arte de la creación porque aparte de ser la historia heredera del análisis filosófico, toma de su armazón el principio de la invención. Sin embargo, para posibilitar eso que denominamos interpretación y experimentación de algún acontecimiento o suceso vivido necesitamos de la historia. Sin esta herramienta, eso que llamamos “progreso” científico como humano jamás pudiese haber sido efectuado, dado que la experimentación no se analiza a nivel histórico sino más bien personal. Es por ello, que como bien nos destaca Karl Marx “La historia no es, ni hace nada. Quien es y hace es el hombre. Por tanto, queda en nuestras manos el retomar lo histórico y hacer de este un arte creacional como filosofía de vida.

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