• Editorial Semana

La historia y el historiador


Por: Juan David Hernández León, PhD c.


La historia es una de las disciplinas más complicadas de construir. Dependemos de elementos que por lo regular se encuentran fuera de la interacción directa del investigador. Podemos conseguir documentos que aparentemente nos muestren una razón, que nos enternezca, pero al analizar críticamente el panorama encontramos que el mismo no es tan tierno como aparentemente nos demostraba el documento original. Me explico, en mi oficio como historiador nos confrontamos con cientos de documentos que tenemos que confrontar con la realidad en que se dan. Vamos a tocar varios ejemplos como parte de nuestra labor pedagógica.


El primero que tocaremos es el caso del Concejal D. Nicolás Quiñonez Cabezudo. Este vivía justo frente a la Plaza Santiago R. Palmer, pero era poseedor de dos haciendas azucareras e Gurabo. Estas eran la Hacienda Santa Bárbara y la Hacienda San José, que quedaba justo en la parte Norte del Barrio Rincón en la Carretera 189. En documento del Archivo Histórico de Caguas, nos señala que en reunión del Cabildo D. Nicolás le solicita al Ayuntamiento que se hiciera un puente sobre el Río Grande Loíza, justo al lado de donde queda Mano Manca “ antigua Universidad de la Universidad del Turabo”. La motivación Parente era: “. . . ofrecer facilidad a los feligreses de poder llegar hasta la antigua Ermita Dulce Nombre de Jesús”. Si nos quedáramos ahí, con solamente los datos que nos ofrece el Acta del Cabildo, diríamos que Don Nicolás era un profundo creyente y que esa sería su razón principal para hacer esa inversión por parte del Municipio para contribuir con el desarrollo del cristianismo en la municipalidad. Si profundizamos bajo la lupa crítica del historiador y de los datos que no se mencionan en esas Actas del Cabildo, encontramos que Don Nicolás tenía unos intereses económicos que se sincopaban o escondían tras la propuesta oficial al Municipio.


La transportación de sus mercancías o azúcar sería más rápida y menos costosa por lo que ganaría más dividendos con esta medida. No es que neguemos que Don Nicolás fuera un católico ferviente pero hay que auscultar las verdaderas razones que podría tener una persona al tomar una decisión. Es responsabilidad del historiador de ofrecer un panorama lo más cercano a la realidad y no quedarse en lo que dice exclusivamente fríamente el documento.


Un segundo ejemplo es la construcción del edificio de Los Padres Redentoristas en el 1917. Los religiosos construyen un edificio de cuatro plantas en donde establecen la nueva Parroquia de la Ciudad. En fotografías de la época hemos podido identificar la bandera de Estados Unidos de América, demostrando la solidaridad con los nuevos soberanos de la Isla. El edificio era el más alto de todo el pueblo y desde el techo se podía observar los límites del casco urbano. La situación creaba un sentido de omnipresencia de ese sector de la Iglesia Católica y reafirmando la supremacía de los religiosos del Norte. Debemos mencionar que simultáneamente se encontraban los Hermanos Cheos que eran de reafirmación puertorriqueña y la división interna se asomaba de forma solapada. Nadie que no haya venido a Caguas puede entender lo imponente que es el “Edificio de los curas”. La reverencia que se le ofrece a algunos edificios y el poder que se emana de éstos lo podemos observar todavía cuando algún devoto pasa frente a la Iglesia, hace una reverencia y se persigna. Es parte de nuestra tradición muy en especial de los que son fieles a los postulados de la Iglesia Católica y a todo lo que se imponga en esa dirección por parte de los religiosos. Es obligación de todo historiador ir más allá de lo obvio y analizar a la luz de las ciencias auxiliares los documentos y otros tipos de fuentes primarias para ofrecer un panorama más aproximado a la realidad. . .


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