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  • Foto del escritorEditorial Semana

La potencia de los primos


Por: Jesús Santa Rodríguez


En días pasados, oficinas y propiedades de familiares cercanos y otros allegados del gobernador Pedro Pierluisi fueron allanadas por las autoridades federales para investigar contratos de servicios de los negocios que estos mantienen en la administración de vivienda pública en Puerto Rico. Al ser abordado por la prensa sobre las serias alegaciones de soborno, lavado de dinero y declaraciones falsas, el gobernador trató de desviar la atención del pueblo al hecho irrefutable de la cercanía que mantiene con sus primos, Walter y Eduardo Pierluisi Isern, despegándose de ellos afirmando que solo son sus “primos terceros”.


Mientras el pueblo presenciaba este otro allanamiento por alegados actos de corrupción en el Partido Nuevo Progresista, se estaban cuajando los once asesinatos que empañarían el fin de semana, entre ellos la de un niño de once años, y el feminicidio de una defensora de los derechos de sus pares, Iraida Hornedo Camacho, a manos de un ex miembro y líder sindical de la Policía.


Esta tragedia seguramente pudo haberse evitado si, hace años, se hubiesen atendido los casos de depresión, ansiedad generalizada y falta de destrezas para controlar y manejar la violencia que asedian a cientos de policías. De acuerdo con expertos que estudian y conocen la crisis que afecta esta dependencia y la fracasada Reforma de la Policía, es poco o nada lo que se ha hecho para transformar el principal organismo de ley y orden del País, mediante la educación y provisión de apoyo socio psicológico adecuado a sus miembros. Por ejemplo, en lugar de contar con 1 psicólogo o sociólogo por cada 200 policías, al día de hoy hay solo 1 por cada 1,000 agentes y oficiales.


Otra omisión fatal del Gobierno es no implantar las recomendaciones del Comité de Prevención, Apoyo, Rescate y Educación de la Violencia Doméstica, PARE, por sus siglas. De acuerdo con el Observatorio de Equidad de Género, a esta fecha han sido reportados 59 feminicidios, 14 de ellos catalogados como feminicidios íntimos, que son mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas.


El número revelador de feminicidios, varios de ellos a manos de policías armados que no recibieron tratamiento psicológico oportuno, parece ser una estadística más que solo provocó la extensión del estado de emergencia por violencia de género en junio pasado por parte del Gobernador, como si tal declaración tuviera el poder de transformar años de violencia intrafamiliar para evitar que continúen sin control estos asesinatos. Tampoco se ha hablado de medidas para detener la violencia generalizada en el País, el manejo de la incidencia criminal, mejorar el esclarecimiento de delitos ni la urgente Reforma policiaca.


La única explicación para esta crisis, por el tiempo y los recursos públicos perdidos, es que el Gobernador valide la “potencia entera del primo tercero” -y no hablamos del término matemático “números primarios”-, razón para continuar privilegiando con contratos y beneficios a la familia Pierluisi. Toca al pueblo calcular cómo estos actos y omisiones afectan el colectivo y tomar las acciones correspondientes.

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