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  • Foto del escritorEditorial Semana

La reducción de la natalidad




Por: Lilliam Maldonado Cordero


La tasa de nacimientos en Puerto Rico ha caído a niveles preocupantes, con menos de 18,000 puertorriqueños nacidos en 2023. Esto es -y debe ser- causa de preocupación para todos, pues son más las personas que están muriendo en la isla que las que nacen cada año, aunque esta baja no es exclusiva de Puerto Rico.


Todos los países del mundo están levantando alertas y hasta revirtiendo estatutos que limitaban los nacimientos numerosos en las familias. Ahora, están halándose de los pelos preguntándose cómo estimular y hasta incentivar a las mujeres y las familias para concebir y dar a luz a los ciudadanos del futuro: aquellos que mantendrán y sostendrán a sus naciones gracias a su creatividad, vitalidad, fuerza laboral, emprendimiento, productividad… y los impuestos que lo anterior representa para sus países. Estemos claros: un crecimiento neto negativo para los países es sinónimo de inestabilidad poblacional y crisis económica en ciernes.


En Japón, por ejemplo, en 2023 se calcularon 811,000 nacimientos, la tasa más baja desde 1899. Sin embargo, distinto al nuestro, este país ha aumentado la prosperidad, aunque el estado mantiene presión en aumentar las tasas de aportación de las familias productivas pues el envejecimiento está pasándoles factura, ya que Japón tiene una de las tasas de longevidad más elevadas del planeta. ¿Les suena familiar lo anterior? Pues guarda mucha similitud con nuestra situación, donde tenemos menos nacimientos y más decesos, con la diferencia de que nuestro país no produce riqueza suficiente, excepto por la vía del consumo.


Anticipar la merma poblacional es una de las medidas que utilizan los países para prepararse ante una proyectada disminución en el producto nacional y el potencial impacto en el bienestar social. Con ello, anticipan y desarrollan programas de salud y seguridad social en función de la relación de dependencia de sus mayores. Cabe destacar que la mayoría de los países desarrollados tienen estimaciones proyectadas para 2025 del por ciento de personas de la tercera edad y prepararse para su cuidado, salud y provisión de otros servicios.


Aunque este tema es uno árido matemáticamente y en contenido, como ciudadanos necesitamos entender este fenómeno y las consecuencias a mediano y largo plazo para quienes queremos seguir viviendo en la isla y retirarnos en ella.


Para paliar esta crisis poblacional, los países desarrollados han comenzado a ofrecer iniciativas, entre ellas incentivos económicos y más semanas de descanso después del parto, con paga obligatoria de varias semanas para la madre biológica y el padre progenitor, extensibles a 12 y hasta 16 semanas para ambos. En algunos casos, como Alemania, la baja es obligatoria hasta 8 semanas, ampliables a 12. En ese país también se paga subsidio de estudio por cada hijo desde edad prescolar. Existen muchos ejemplos de países que se han concienciado por las proyecciones a la baja de los nacimientos, el efecto en su desarrollo económico y la capacidad que tendrán para proveer servicios esenciales de calidad para sus ciudadanos.


Indudablemente, la voluntad y el deseo de una mujer de tener hijos superan las necesidades de desarrollo y prospecto económico de los países. Sin embargo, si nuestro país anticipa una continua baja en la natalidad y sus consecuencias transversales, debe considerar la ampliación de las leyes existentes y su política pública, para estimular y promover nuevos nacimientos dentro del marco de bienestar y seguridad para la madre, su hijo y todo el contexto familiar.

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