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  • Foto del escritorEditorial Semana

La “sorpresa” de un nuevo año escolar


Por: Jesús Santa Rodríguez


Esta administración de gobierno no es otra cosa que la extensión del mismo Partido Nuevo Progresista que ha estado en el poder durante los pasados seis años, y que continúa dejando relegada la educación de nuestros estudiantes del sistema de instrucción pública al último plano. A principios de esta semana, se esperaba que los planteles escolares estuvieran en condiciones óptimas para recibir a nuestros niños y jóvenes para recibir educación de calidad. Formar académicamente a nuestros niños no es un privilegio: es un derecho universal y, en nuestro caso, es también una obligación constitucional. Pareciera como si el comienzo de las clases para el DE llegara, por sorpresa, cada año.


No estamos hablando de que el país se encuentre sin la capacidad económica para invertir en el sistema de educación de Puerto Rico. Todos sabemos que el Departamento de Educación (DE) es la agencia de gobierno que más dinero administra, pues recibe ingresos del Fondo General así como otros millones en fondos federales. Lo insólito es que la inversión que hace el gobierno por cada estudiante matriculado en una escuela del DE cuesta unos $17,000 al año. Esta cantidad supera el promedio del costo de matrícula y mensualidades de un estudiante de los mejores colegios privados de Puerto Rico.


Ya no podemos usar como excusa el huracán María. Tampoco los terremotos. Con la pandemia, en la que llevamos más de tres años y medio, se supone que hayamos aprendido a vivir. Los problemas de nuestro sistema de educación son muchos, entre ellos, la ineficiencia crasa de este gobierno desde los niveles más altos -del gobernador hacia abajo-, la falta de planificación estratégica, la incapacidad de desplegar planes concretos, organizados por prioridades, y la ausencia de comunicación entre las agencias con inherencia en todos los asuntos, desde la salud, la educación y hasta los recursos naturales.


¿Cómo es posible que sea la misma semana en la que comienzan nuestros estudiantes a reportarse a sus escuelas, que sea cuando descubre la alta jerarquía del DE que los planteles no se encuentran en condiciones de recibirlos? ¿Por qué es justo al comienzo de clases que los funcionarios responsables de que den inicio, de forma ordenada y transparente, reconozcan públicamente que existen problemas en las escuelas sin que hayan soluciones inmediatas para resolverlos?


Al gobierno le toca la administración de todos los bienes y servicios públicos de forma eficiente, incluyendo la educación de nuestros niños y jóvenes del DE, que ya comienzan con una desventaja en comparación con sus pares que estudian en colegios privados, porque al parecer, estos últimos sí saben que cada año y cada agosto, las clases tienen que comenzar.


A esto, súmele la ansiedad de los estudiantes, sus padres y maestros, que se cargan de preocupaciones que no deben tener, sobre si tendrán un lugar seguro donde estudiar. Nuestros estudiantes no merecen un trato como ese. Tampoco el País merece que el futuro de Puerto Rico se atienda con indiferencia e irresponsabilidad.

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