• Editorial Semana

La verdadera pandemia


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


Los últimos tres meses, la situación del COVID-19 ha enfocado nuestros pensamientos y reflexiones en, su impacto en la vida cotidiana, sus resultados, lo que ha representado y pueda en futuro representar en términos económicos y salubristas, cómo nos cambiará la vida y muchas cosas más, ha sido lo que ha dirigido los pensamientos, planes y reflexiones de todos.


Este asunto por su trascendencia, resultados y consecuencias sin duda ha requerido la atención del mundo entero. En cada país ante esto, va a su ritmo, el avance o el retroceso de cada uno de ellos dependerá de la responsabilidad que asuman su gente ante el asunto.


Es tiempo de retomar otros asuntos, dentro de esta nueva realidad. Las emergencias sacan a la luz pública asuntos, que muchas veces los países mantienen por lo bajo, pero la emergencia los descubre, el huracán María la pobreza fue lo que descubrió. Se cayeron los árboles y quedo a la vista de todos, la realidad de muchos, la pobreza.


Para fines de los años noventa los gobiernos del mundo entero conversaban la realidad que se avecinaba y que los expertos en el tema insistían, en la necesidad de crear provisiones para lo que se anticipaba. El fuerte impacto que en términos económicos y de planificación social tendría, el aumento de la población de la entonces llamada, tercera edad. A los que en estas áreas trabajábamos, se nos planteaba la importancia de ser visionarios y planificar para esa realidad que se avecinaba. Economía, Salud, Vivienda y espacios para aportar eran parte de los retos.


Mas de veinte años después vemos los resultados de lo advertido y no debidamente atendido. En Puerto Rico ya hablamos de adultos mayores, son aquellos que sobrepasan lo que se llamó la tercera edad. El huracán saco la pobreza y con la pandemia, pensemos en los mayores. Mucho se habla de las pensiones, pero si hubiésemos atendido el reto veinte años atrás, hubiésemos visto si el dinero daría, ante la realidad de que la expectativa de vida crecía.


Estos adultos mayores, son la generación que levantaron este país, que con grandes sacrificios educaron a sus hijos y los hicieron soñar, para que, con el resultado de sus esfuerzos, muchos de ellos se fueran a buscar nuevos horizontes y ahora los viejos solos. Son la generación que valoran sus hogares, por eso en ellas viven. Son la generación que gracias a la ciencia y en algunos casos a las deudas que para la educación de sus hijos tomaron préstamos y aún trabajan. Son la generación que tienen la sabiduría, pero que los de la generación las ganas, no siempre consideran como mentores o asesores. También son la generación de la pobreza. Ha sido esta le generación para la que muchos gobiernos no se prepararon, a los que la pandemia más ha amenazado como si hubiese venido a extinguirlos.


Ante este tiempo de encierro, vimos cómo en algunos pueblos, vecinos se activaban y creaban estrategias para proteger y ayudar a sus ancianos. Ciudadanos que mostraron responsabilidad social, caridad y sobre todo amor, ante la verdadera pandemia que a los ancianos ha amenazado, la pandemia de la soledad. ¡Solidaridad! pues la verdadera pandemia, muchas veces no tiene edad y algún día todos llegaremos a viejos.


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