• Editorial Semana

La vida nocturna en el casco urbano


Por: Juan Ilich Hernández


Como bien hemos visto, la vida social y psicológica bajo Covid-19 en las ciudades ha ido retransformándose ultrarrápidamente, dado a los cambios económicos, políticos, culturales y salubrista que hoy afrontamos ante la pandemia. Sin embargo, lo que al ojo público se le pierde de foco es que factores socioculturales como es el distanciamiento social “forzado”, la política del miedo, el rastreo y manipuleo de las estadísticas, la desinformación de los medios y cuerpo informático en general, el estado de incertidumbre, entre otros elementos han hecho posible la destrucción no solo del lazo social sino también comunitario. Este hecho social en particular hoy día afecta la vida en la ciudad a nivel macro-social.


Traemos este dato a colación, ante la realidad de que los cascos urbanos en la Isla, ante la pandemia, se ven totalmente desiertos y rezagados por las crisis socioeconómicas que arrastran consigo las multinacionales o megatiendas para la venta de sus productos.


Ahora bien, ¿Cuál es el particularismo del casco urbano cagüeño durante la noche versus el resto de los otros centros municipales en la Isla? Este particularismo reside en la actividad nocturna, ya que, en comparación con otros municipios y áreas aledañas, la vida social y psíquica entre personas es mucho más interactiva, intensa y proactiva dado a la ubicación céntrica que tiene con la metrópolis. Cabe mencionar, que gran parte de toda esta actividad psicosocial se desprende por la zona estratégica y llamativa que tiene el pueblo de Caguas e incluso su sabor a pueblo en cada una de sus estructuras. Cada una de sus arquitecturas y facilidades que se encuentran ubicadas en su perímetro cercano a la plaza Palmer están en términos prácticos bajo la noche habilitadas para invitar a las personas a ser parte integral de sus negocios, quioscos, chinchorros, etc.


Quiérase decir, que, si hilamos fino el contraste comparativo con la vida diurna versus la nocturna sociológicamente hablando, su diferenciación es muy notoria. Mencionamos este aspecto, dado que la vida psíquica y social en el caso urbano resulta ser algo laxa y sombría diurnamente de lo que fue hace ya más de quince años, hoy bajo pandemia durante la noche coexiste “el aguante”. Destacamos este factor en específico por el tesón de los medianos y pequeños comerciantes que han desarrollado para reajustar sus protocolos de sanitización para estar acorde a las exigencias del momento.


El intercambio social y cultural que se desarrolla de modo intensificador en las calles de mayor renombre en el centro urbano bajo el tránsito nocturno son: La Padial, La Tapia, La Segundo Ruiz Belvis y Celis Aguilera. Es sumamente sorprendente ver cómo estas ofrecen desde sus espacios una cálida invitación para el interaccionismo relacional entre personas (amigos, parejas, adulteros, etc.) y simbolismos (intercambios no verbales mediante señas o gestos) que ayudan a florecer ese encuentro en la noche mucho más a fin de que en el día. También, es importante subrayar, que el fenómeno de la noche, aunque aparentemente resulte estar secuestrado por los toques de queda, aparato gubernamental y políticas de represión aun en nuestro casco urbano cagüeño hay líneas de fuga (resistencia) para hacerle frente a la austeridad.