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  • Editorial Semana

La violencia en su máxima expresión


Por: Juan Ilich Hernández


Al escuchar la palabra violencia, rápidamente pensamos en la agresión física hacia alguien e incluso psicoemocional. Sin embargo, la verdadera esencia de este innato mecanismo de defensa, que pudiese caracterizar más a los “supuestos asesinos en serie” como “animales salvajes” resulta ser un sexto sentido que todo el reino animal lleva consigo. Si llevamos este rasgo biológico y sociológico desde el lente de Carlos Darwin resulta ser fundamental para la supervivencia de las especies, debido al factor de la clasificación y adaptación social.


Siguiendo esta línea de pensamiento, ya podemos ir observando cómo los seres más aptos actualmente han ido organizándose y reproduciéndose progresivamente. Este hecho histórico- cultural hoy es concebido como el Estado moderno, el cual requiere de una serie de microorganismos o extensiones estructurales (instituciones) para mantener en circulación su dominio y control. Mediante estas esferas de poder o aparatos ideológicos de Estado como nos diría el filósofo Louis Althusser es la escuela, la familia, la iglesia, la milicia, la fábrica o trabajo, los medios de comunicación de masas, el sistema de salud, entre otros, los cuales buscan disciplinar la mente y cuerpo humano.


Sin embargo, hace ya un tiempo considerable, hemos observado con detenimiento cómo todas estas organizaciones socioculturales han ido deteriorándose gradualmente. Los mejores escenarios para ilustrar estos escollos podrían ser escenificados desde la transición de los 80’s a 2000’s bajo el régimen de Rafael Hernández Colón, Carlos Romero Barceló y Pedro Rosselló. Pero la verdadera sobresaturación del efecto mutación del capital financiero y privativo destelló en Puerto Rico bajo el nefasto gobierno de Luis Fortuño durante el 2009 con su cruda imposición de la ley 7, la construcción de escuelas Charter, intentos de destrucción a la Universidad de Puerto Rico con la imposición de la cuota de $800 dólares y alianzas público- privadas de todo tipo, sobre todo en el sistema de metropistas, entre otros. Esto no quiere decir, que desde muchísimo antes no se haya trastocado nuestro sistema socioeconómico, pero todos esos escombros salieron a flote tras esa vil pornografía programada por esa administración la cual estableció una alianza público- privada al sistema educativo. Destaco este caso en particular, porque sabemos que la base para que cada país o nación pueda evolucionar es precisamente la educación. Sin esta piedra angular y herramienta, no hubiese transformación sociocultural.


Partiendo de este planteamiento, puede apreciarse cómo el sistema estatal e instituciones a nivel Isla han tomado un decurso detrimental el cual ultrarrápidamente se escenifica mediante el recorte presupuestario al sistema educativo, privatización de sus recursos esenciales como la electricidad, playas, etc. Cada una de estas rampantes problemáticas son un claro reflejo de la mala gobernanza y toma de decisiones las cuales son recreadas por medio de la violencia.


Desde hace más de un siglo Puerto Rico ya enfrentaba el embate transicional de colonia española a una norteamericana, por lo que ese efecto secundario de sometimiento y encapsulamiento insular hoy se nos revela vía el hiperconsumerismo, la super- inflación, cultura motorizada, el entretenimiento, amarillismo insular, recortes de presupuestos, monopolización de los medios de producción, eliminación curricular, la censura, populismos políticos, etc. Cada una de estas problemáticas ilustra a flor de piel la violenta e inestable atmosfera psicológica y sociológica que afronta el país desde sus inicios como colonia.


Queda claro, que, si no nos organizamos como colectivo para salvaguardar nuestros mayores baluartes como es la educación, el lenguaje, las políticas sociales e idiosincrasia, la violencia seguirá siendo la orden del día.


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