• Editorial Semana

Las encuestas y el bipartidismo


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


“El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos” (Simone de Beauvoir)


Siempre hemos creído que las encuestas políticas carecen de credibilidad y seriedad por su indiscreta tendencia de manipulación electoral.Una de estas encuestas reflejó recientemente que el 81% del electorado puertorriqueño está insatisfecho, e incluso pesimista, ante el futuro económico de Puerto Rico provocado por los huracanes, terremotos y el coronavirus. Sin embargo, la misma encuesta pronostica que ese mismo 81% está inclinado a votar por el bipartidismo pernicioso responsable indiscutible de la debacle social por la que atraviesa nuestro país a la altura del siglo 21. Lo que no dice la encuesta es que la crisis comenzó mucho antes de la pandemia. La misma es producto del saqueo desde el segundo cuatrienio de Pedro Rosselló (1996-2000) cuando se hipotecó el país para obras ostentosas como el Tren Urbano, Coliseo de Puerto Rico y otros proyectos de países desarrollados.


Desde entonces surgieron los nuevos millonarios del patio. Sencillamente, los gobiernos de Sila María Calderón, Acevedo Vilá, Luis Fortuño, Alejandro García y el nefasto binomio de Ricardo Rosselló y Wanda Vázquez elevaron la debacle a niveles delictivos. Actuaron como emiratos ignorando que las colonias carecen de riqueza propia como para “tirar las puertas por la ventana”. Elevaron los salarios de los ayudantes legislativos a niveles escandalosos olvidando que los maestros y demás servidores públicos viven bajo condiciones precarias. Olvidaron igualmente que los imperios jamás permitirán que sus colonias superen el nivel de vida de sus propias comunidades.


Para tener el país que queremos, entiéndase un Puerto Rico emprendedor, productivo, autosuficiente, solidario y de justicia social, es necesario, en primer lugar, romper todo tipo de atadura con el bipartidismo pernicioso, cómplice indiscutible de la debacle moral, política y económica de las pasadas cinco décadas. En segundo lugar, resulta imperativo que reconozcamos, de una vez y por todas, que solo los puertorriqueños tenemos la responsabilidad ministerial de forjar nuestro propio destino político como país antillano y latinoamericano. Entendamos que la libertad política es nuestro único derecho inalienable ante los foros internacionales.


Igualmente, nuestra ubicación geográfica representa uno de nuestros máximos tesoros combinado con que somos, por derecho propio, uno de los países hispanohablantes más desarrollados del hemisferio en infraestructura, medicina, ingeniería, ciencias y tecnología. Es decir, nuestro recurso humano es nuestra mayor riqueza convirtiéndonos en uno de los países más diversificados del mundo contemporáneo. Ello nos capacita para gobernarnos a nosotros mismos en paz y armonía, no solamente con Estados Unidos, sino con los demás países libres y soberanos de nuestro hemisferio. Alcanzamos la mayoría de edad y como tal, poseemos la capacidad para insertarnos en la corriente económica del mundo globalizado.

El 3 de noviembre tendremos la oportunidad única de derrotar el bipartidismo colonial e iniciar la edificación de una Nueva Patria. Derrotemos el miedo, la demagogia y la mediocridad votando por Juan Dalmau y sus compañer@s de lucha.


¡Dile NO al plebiscito de Estadidad!

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