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Las lecciones de María




Por: Lilliam Maldonado Cordero


En días recientes tuve la oportunidad de asistir a una conferencia ofrecida por exdirectores y funcionarios actuales del Servicio Nacional de Meteorología y del Negociado para el Manejo de Emergencia y Administración de Desastres sobre la amenaza de que uno o varios sistemas o ciclones nos afecten en esta temporada de huracanes.


Uno de los temas obligados fue el huracán María, que sumió a Puerto Rico en un caos sin precedentes históricos. No es sorpresa que María sirvió como un “antes y después” para las distintas agencias responsables de estudiar estos fenómenos y administrar desastres.


Antes de que María tocara tierra por Yabucoa habíamos perdido el radar de Cayey, por lo que estuvimos “ciegos” durante horas de embate. Durante ese periodo de incertidumbre, científicos y meteorólogos que asistían a una conferencia sobre ciclones en Estados Unidos lograron que una compañía de satélites que aún no estaba operacional se enfocara en Puerto Rico y ofreciera datos de María que aún son estudiados y aplicados.


Entre la información más sobresaliente que surgió fue que María produjo sobre 70,000 deslizamientos en distintas partes de la isla, lo que permitió que conozcamos hoy las zonas más propensas para estos eventos y desarrollar mapas actualizados para anticipar y planificar más eficientemente preparar refugios cercanos a las comunidades en riesgo y mover personas con tiempo suficiente para evitar pérdida de vidas. Estos datos también sirven para que las agencias que emiten permisos para construcciones conozcan las áreas más vulnerables para los deslizamientos, controlando el desarrollo de viviendas y otras edificaciones en estos lugares.


Asimismo, se crearon y fortalecieron los protocolos de capacitación de los meteorólogos y comunicadores del país para que utilicen datos y vocabulario uniformes y confiables. Esto es especialmente importante pues Puerto Rico es distinto a otros países y jurisdicciones de los Estados Unidos. Los riesgos climáticos de la isla son distintos a otros lugares, incluso aquellos propensos al embate de tormentas.


Una particularidad de nuestro país es que las consideraciones asociadas a este riesgo también incluyen el oleaje, un criterio que no existía antes de María. Esto es importante, pues nuestra isla es afectada enormemente por las marejadas y las olas causadas por los ciclones. Estos nuevos datos demuestran cómo estas han cambiado nuestras costas y playas. Incluso, existen zonas que, en el caso de un ciclón fuerte, anegarán vastas áreas habitadas, como sucedió en Levittown cuando la marejada de María impidió que los ríos desbocaran en el mar, ya que el nivel de este era mayor: igual a una pared imposible de recibir las crecidas de los ríos.


Lamentablemente, muchos de estos datos tan útiles para ser aplicados, al parecer han pasado bastante desapercibidos por las autoridades responsables de otorgar permisos para el desarrollo en zonas marítimo-terrestres y de dominio público. Recordemos que esas zonas son, precisamente, las que nos protegerán de los embates del mar en el caso de que un ciclón nos vuelva a asediar.


Ya inmersos en una nueva temporada de huracanes, terminemos las encomiendas sobre la preparación familiar de mochilas de emergencia que incluyan medicamentos, agua y comida no perecedera, cambios de ropa y, de tener niños y mascotas, pañales y alimentos especiales. Evaluemos las partes vulnerables de hogares y oficinas con tiempo. Y no olvidemos que, aun de las peores crisis, aprendemos. Lo importante es que, como país e individuos, hayamos apliquemos lo adquirido en esa experiencia.

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