top of page
Buscar
  • Foto del escritorEditorial Semana

Las virtudes de nuestra Constitución



Cada 25 de julio conmemoramos la aprobación y entrada en vigor de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Nuestra Constitución, refrendada en 1952, se convirtió en un documento de referencia de todos aquellos sectores políticos y constitucionalistas a nivel internacional que favorecían modelos democráticos y republicanos para organizar sus respectivos gobiernos. Nuestra Constitución no contempla la pena de muerte, favorece el derecho a la vida, protege el derecho a la intimidad, reivindica los derechos humanos, organiza nuestro gobierno a través de la separación de poderes para desalentar dictaduras o concentración de poder, e incorpora la cláusula en la cual prohibe al Estado ir en contra de la propiedad o la libertad de un ciudadano sin el debido proceso de ley. Nuestra Constitución es un documento brillante, coherente y de avanzada para una época inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial.


No obstante, nuestra Constitución tiene otras virtudes que no se discuten con frecuencia: la institucionalidad de la estructura gubernamental y la autonomía fiscal. Previo a la Constitución, la autonomía fiscal no se podía maximizar debido a que las estructuras del gobierno colonial eran rudimentarias e ineficientes, siendo explotada por grandes empresas absentistas que se beneficiaban de la mano de obra de los puertorriqueños, dejando muy poca aportación económica o social al País. En la década de los 40, comienza el proceso de creación de instituciones del gobierno para el desarrollo socioeconómico del País, pero siempre se enfrentaban a la realidad de la poca certeza que podían ofrecer unas instituciones débiles e incapaces de impulsar la economía o el bienestar ciudadano. Con la entrada en vigor de la Constitución, se crean el Departamento de Hacienda, el Departamento de Instrucción Pública (hoy Departamento de Educación), el Departamento del Trabajo y el Departamento de Obras Públicas, con el propósito de elevar nuestra calidad de vida.


Este nuevo entramado institucional, creado y coordinado por una Constitución, facilitó nuestro desarrollo económico de la época con programas como “Ayuda Mutua, esfuerzo propio” u “Operación Manos a la Obra”, en los cuales el talento humano y el capital público y privado se pusieron en función de crear una nueva sociedad que dejaba atrás un modelo económico basado en capital absentista y la explotación de los trabajadores, a uno industrial en donde los salarios y calidad de los empleos eran muy superiores. Podemos afirmar que nuestra Constitución fue el documento base para desarrollar una institucionalidad que nos permitió crear y crecer una clase media profesional y exitosa, con estándares de vida superiores a la mayoría de las sociedades de nuestro continente.


No obstante, con el paso de los años y la llegada de administraciones que por cuestiones ideológicas, no reivindicaban los principios constitucionalistas, caímos en un desgaste institucional que nos aqueja hasta el día de hoy. Aprovechando la semana de la instauración de nuestra Constitución, reflexionemos en ese impulso constitucional que tuvimos en origen y que nos llevó a un proceso de desarrollo exitoso, e identifiquemos qué cambios necesitamos como sociedad para retomar ese ímpetu en el siglo XXI.


6 visualizaciones

Entradas Recientes

Ver todo

Comments


bottom of page