• Editorial Semana

Lo que se lleva el año viejo


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


Al despedirnos del 2020 y con él, dejemos ir todo aquello que no ha sido para bien, pero mantengamos lo que durante este año tan particular, hemos aprendido. Del año 2020, recordaremos muchas cosas y otras quizás prefiramos dejarlas atrás pero si nos detenemos a pensar, sin duda tendremos que reconocer que las experiencias, la información recibida y lo que vivido nos dejó legados que debemos valorar.


Culminamos un año al que podríamos llamar complicado, pues nos sacó de la rutina, nos hizo pensar en nuevas formas de hacer las cosas, exigió de todos la adaptación y el manejo de la resistencia a los cambios. Un año, que obligó el uso de la tecnología sin dejar de ser humanos y comprensivos. Un año en el que hubo que escoger lo más importante en cada hogar, un año que nos confrontó con la necesidad de buscar cómo comunicarnos. Un año que requirió de todos buscar el balance entre atender las necesidades económicas y el mantener la salud. Un año que nos mostró que no todo lo podemos controlar, cuando nos dejó ver el poder, la fuerza de la naturaleza. Un año en el que también vimos derrumbarse la honestidad, la transparencia y las acciones esperadas de los que se acercan a, o se les presta el poder.


Al culminar el año, lo importante será que evaluemos si hemos aprendido. Del movimiento de la Tierra, que este año tuvimos no sólo en Puerto Rico, sino en muchos otros lugares del planeta donde nunca antes se había experimentado, ¿habremos aprendido a respetarla, a prepararnos, a educarnos y a hacer las cosas correctamente?


De la pandemia, ¿habremos aprendido todo lo que nos enseñó y nos sigue enseñando? Nos enseño que el mundo es uno sólo y que no es levantando muros que dejamos fuera lo que no queremos. Nos enseñó a hacer visibles a nuestros viejos y a decidir si realmente los queremos y los valoramos. Nos enseñó que cuidar de la salud no es asunto de unos pocos, es asunto de todos. Nos enseñó que nos hemos envuelto en muchas cosas, pero cuando pocos recursos se tienen, hay que definir qué es lo que debe ser primero. Nos enseñó a identificar a los honestos y separó a los que sólo viven para aprovecharse hasta del dolor. Le dio el justo valor a la familia, al personal de la salud y se aprendió en valor del mundo de la educación. Nos enseñó a usar nuestros talentos, la tecnología y el valor de la comunicación. Esto entre otros.


De las personas y las instituciones del gobierno, de las elecciones, su proceso y resultados ¿habremos aprendido a seleccionarlos y ellos a su vez, de lo que realmente el pueblo quiere y espera?


Del respeto y la inclusión, en un año con tantas muertes de odio y violencia entre parejas, me pregunto, si ha sido la pandemia o si ha llegado el momento de aprender que usando nuestra religión y creencias, es hora de reconocer que hay una fuerza mayor, llamémosle Dios, que enseña que el verdadero amor, respeta, perdona y nunca promueve la violencia.


En el 2020 muchas experiencias vivimos, lo importante es haber aprendido y ahora pido al nuevo año, que venga lleno de nuevas experiencias, de las que uno se gana en la vida, cuando ha aprendido la lección. A todos, ¡feliz año nuevo!

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