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  • Foto del escritorEditorial Semana

Lola Rodríguez de Tió ante la Patria Puertorriqueña


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


El Siglo XIX, a pesar de haber sido un periodo de hostilidades y antagonismos sociopolíticos, (sublevación de esclavos, Grito de Lares, Intentona de Yauco y Guerra Hispanoamericana), podríamos igualmente describirlo como un periodo de enriquecimiento para las letras y el surgimiento de próceres puertorriqueños. De allí surgieron una camada de patriotas e intelectuales encabezada por Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos, Segundo Ruiz Belvis, José De Diego, Alejandro Tapia, Manuel Alonso, Salvador Brau, Manuel Zeno Gandía, José Gautier Benítez, José Celso Barbosa, Luis Muñoz Rivera y el propio, Pedro Albizu Campos. Pero no nos equivoquemos. De esa misma camada surgieron también mujeres de la magnitud histórica de María de las Mercedes Barbudo, Juana Colón, Luisa Capetillo y la poetiza, Lola Rodríguez de Tió.


Tras esta introducción, nos concentraremos en la ilustre poetiza puertorriqueña, Lola Rodríguez de Tió. Nacida en San Germán, 14 de septiembre de 1843, bajo el nombre de Dolores Rodríguez de Astudillo y Ponce de León, desde su temprana juventud Lola sintió una profunda empatía por la emancipación de Puerto Rico, entonces bajo el autoritario régimen español. Su profundo sentimiento por la liberación nacional la motivó a escribir el himno revolucionario “La Borinqueña”. Dicho himno se entonó por primera vez durante la proclamación de la República de Puerto Rico durante el Grito de Lares en 1868. Ese año se desplegó la primera bandera de Puerto Rico en el altar de la Iglesia Católica de Lares durante una misa oficializada por el sacerdote Gumersindo Vega ante la presencia de los patriotas insurrectos. La bandera había sido diseñada por el “Padre de la Patria”, Ramón Emeterio Betances, y bordada por la patriota, Mariana Bracetti.


Ante la persecución y represión de las autoridades españolas contra los insurrectos del Grito de Lares, tanto Lola Rodríguez de Tió como su marido, Bonocio, fueron desterrados del país y enviados a Venezuela. Allí apadrinaron la boda del prócer puertorriqueño, Eugenio María de Hostos, y su joven esposa, Belinda de Ayala. Posteriormente vivieron en Cuba, Nueva York y finalmente regresaron a La Habana tras la independencia de Cuba en 1899 recibiendo el nombramiento de Inspectora de Escuelas Públicas. Fue entonces que escribió su consagrado poema “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas, reciben flores y balas sobre el mismo corazón”. Con ello quiso testimoniar la hermandad y solidaridad histórica existente entre ambos países antillanos. Recordemos que José Martí, Apóstol de Cuba, había prometido luchar por la independencia de Puerto Rico una vez Cuba lograra la suya propia.


Tras su desempeño como Inspectora de Educación, Lola falleció en La Habana el 10 de noviembre de 1924. Sus restos descansan en el Cementerio Cristóbal Colón de La Habana y, emulando la voluntad emancipadora de Hostos, dejo instrucciones de no trasladar sus restos mortales a Puerto Rico hasta que nuestro país logre su propia independencia.


Lola Rodríguez de Tió fue, sin duda, una mujer desprendida, emancipada e iluminada. Una mujer para todos los tiempos.


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