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Más allá del 8M feminista (Parte I)




Por: Juan Illich Hernández


Como bien hemos visto a lo largo de nuestra vertiginosa y no lineal historia convencional, una vez que se populariza un día emblemático festivo, ya automáticamente para

las masas deja de ser memorable.


Esto es debido a la integración de la cultura del “fast track” como pieza fundamental de la vida cotidiana, hecho que precisamente evita que asimilemos, procesemos e incluso reflexionemos sobre nuestro día a día. Sin embargo, con el devenir de los tiempos cibernéticos que nos encontramos en el aquí y ahora, todo parece indicar, que cada 8 de marzo, tanto a nivel Isla como Iberoamérica este día no es uno común.


En efecto, si nos adentramos a su real significado histórico- cultural, observamos que este aconteció un 28 de febrero en el 1909 en el Esta-do de Nueva York el cual fue convocado para realizar un levantamiento gremial de mujeres trabajadoras de la industria textil “Cotton Textile” para reclamar no solo justicia salarial, sino equitativa. Cabe agregar, que fue esta misma empresa la que se encargó de auto-provocar un incendio en sus facilidades como pretexto para decir que sus trabajadores por medio de la protesta lo habían orquestado. Dicho evento cobró la vida de 129 muertes femeninas totalmente carbonizadas. Aunque este día se haya celebrado como el primerizo día internacional de la mujer, el mismo cobró otro giro más significativo e inclusive sólido en el 1910 dado que en el segundo congreso de mujeres socialistas/feministas internacionales celebrado en Copenhague, Dinamarca se estableció el día 8 de marzo como el idóneo para celebrar su día.


Queda evidentemente claro, que aún habiendo tomando en cuenta la ONU (Organización de Naciones Unidas) la trágica muerte de todas esas luchadoras en el Estado de Nueva York conmemore desde el 1977 el 8 de marzo como el día internacional de la mujer, ya este de antemano había tomado otro rumbo totalmente distinto en términos teóricos-prácticos para el movimiento mundialista del feminismo.


Ubicando en su justa perspectiva las coordenadas del movimiento feminista a nivel histórico, encontramos que estas no meramente descansan de modo cronológico. Como bien describen eso que denominamos como oleajes feministas y a su vez civilización per se, primeramente, quienes llevaron a cabo la distribución de bienes, liderazgo, poder y juegos de roles sociales antropológicamente hablando fueron las mujeres. Quiérase decir, que fue la misma herencia eurocéntrica que nos trastoca psicoemocionalmente la que logró desplazar hacia un lado a las sociedades matriarcales. De esta precisa y violentísima manera es que va recreándose todo un perfecto imaginario social o imagen mental sobre cómo las familias modernas deberían acoger y amoldar las normativas prototípicas del modelo institucional más criticado de todos por el feminismo, el patriarcado. Tales efectos, bien son ilustrados en el icónico texto de Federico Engels (1884) “El origen de familia, el Estado y la propiedad privada” en el que se evidencia fehacientemente que las primeras civilizaciones bajos estudios antropológicos de Morgan eran matriarcales.


Por tal motivo, el 8M no es meramente un día particular el cual amerita para muchos el felicitar o celebrar a la mujer, sino al contrario, resulta ser uno para concienciar y seguir sembrando justicia social sobre las diversas desfachateces que comete el putrefacto sistema económico- político que nos “salvaguarda”. Es por ello, que cuando hablamos del 8M, no podemos reducirlo a uno de reclamos de equidad, ni una menos por los diversos feminicidios acontecidos y trasquilados por las corrompidas estadísticas a un solo día, sino a toda una incesante jornada de lucha organizada… (continuará)

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