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Más allá del 8M feminista, Parte II




Por: Juan Ilich Hernández


Tomando como punta de lanza la impronta histórico-cultural que nos ha dejado la mujer, encontramos que aparte de ser la figura protagónica del inicio civilizatorio bajo los matriarcados originarios del mismo continente africano es y sigue siendo la líder en las tasas poblacionales. Quiérase decir, que si atemperamos tales señalamientos de que su rol femenino con el devenir del tiempo es uno minoritario e incluso invisibilizado ya es algo falso e inclusive fútil. Y esto es así gracias a los distintos esfuerzos colectivistas internacionales, justamente como es el feminista que ha hecho posible encaminar el laborioso cambio social de darle a la mujer su debida no solo posición en la contemporaneidad, sino también imprescindible importancia ya que el verdadero rostro de las grandes revoluciones (científicas, tecnológicas, históricas, etc.) siempre lo han sido las mujeres.


Evidentemente, mediante este recorrido panorámico que vamos trazando, logramos entrever que para las féminas el ser lo que son hoy les ha costado sangre, censura, persecución, muerte, etc. El significativo cambio transformativo de concebir al cuerpo como un arma política es el resultado de toda una feroz contienda contra el Estado represivo.


Si reflexionamos historiográficamente el arduo camino del feminismo, observamos que existen diversos oleajes que prácticamente acontecen desde finales del siglo XIX e inicios del XX. Sin embargo, para que esta gran revuelta que muchos/as tienden a distorsionar con el conmemorar y accionar el día 8 de marzo es precisamente por la propaganda mediática de aminorar la simbología femenina con adjetivos muy poco asertivos como: intuitivas, pasionales, amorosas, cuidadoras y compasivas. Considero, que tales epítetos son unos inadecuados dado que más allá de todas estas calificaciones y clasificaciones en sí, no se le está dando la meritoria posición que le corresponde a la mujer a nivel histórico y actual.


Si recorremos por el primerizo oleaje feminista conocido como las sufragistas, notamos que estas lucharon incansablemente no meramente porque se les diera la otorgación del derecho a votar, sino también el de brindarle una justa jornada laboral igual que a la de los hombres. Lo problemático de este justo reclamo fue que acarreó con la muerte y censura de varias mujeres a las que muchas de ellas se han relegado en un segundo plano dentro de la historia “oficial” de tal país o contexto en específico.


En el caso particular de Puerto Rico, algunas de nuestras icónicas mujeres que representan no solo este oleaje sufragista, sino más bien del feminismo en general son: Ana Roque Duprey, Luisa de Capetillo, Lola Rodríguez de Tío, Blanca Canales, Mercedes Sola, Julia de Burgos, entre otras emblemáticas luchadoras. Gran parte de los múltiples movimientos sociales que se desarrollan en el país bajo el foco feminista, artístico, educativo y político siempre tienen que partir de estas como referentes.


Es en ese sentido, que cuando solemos escuchar la inmortal frase emergente de los 60’s “lo personal es político” proveniente del segundo oleaje feminista se suscita la teoría- práctica de la acción-social como medio de representación con el objetivo de combatir las múltiples repercusiones que impone el malestar cultural. Por tal razón es que se hace necesario el uso teórico-práctico del medio de la protesta y denuncia desde el movimiento social feminista para llevar a cabo toda una interminable jornada de lucha que trasciende lo equitativo, lo sexista, lo biológico y lo patriarcal. Es por ello, que si definimos en términos generales lo que posiblemente describiría al 8M desde los anteojos del feminismo sería día invitacional para reflexionar y tomar acción directa. (Continuará)…

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