• Editorial Semana

Más dichos españoles en los años 30


Por: Dr. Francisco Rivera Lizardi

riveralizardi@yahoo.com


En los años 30 de mi niñez aún se conservaban en Puerto Rico algunos dichos españoles.

Al comentar sobre un joven pobre que aspiraba a una bella jovencita rica: La familia de ese nunca ha puesto un pie en el Casino. –Ese no pasa ni por las bambúas se comentaba sobre quien aspiraba a ingresar al exclusivo Casino (las bambúas que crecían en la parte posterior de las fincas). Se les daba “bola negra”. En la reunión para considerar nuevos ingresos, a cada socio presente se le daba una con bolitas de cristal blancas y otras con bolitas negras. De ahí lo de la bola negra.


Otra frase muy comentada entonces era: “El que se va pa’ Melilla pierde su silla”. El que abandona una situación segura se arriesga a perder su puesto. Melilla era una ciudad colonizada española al norte de África caracterizada por múltiples revueltas y guerrillas. Por cierto, la revuelta del general Franco y sus rebeldes que originó la Guerra Civil Española, tuvo su origen es Melilla. Posteriormente se cambió Melilla por Sevilla. A muchos hijos de españoles (gallegos) en esa época que mantenían su ciudadanía española se les requería servir en el ejército español. A ellos se le aplicaba el dicho: El que se va pá Melilla…”Facistol”: atril de cuatro caras muy elaboradas frente al altar de las antiguas iglesias. Se guardaban libros y libretas de música a usarse por el coro. Como estaba frente al altar, a los niños de Caguas (calle Padilla) se les llamaba facistol por ser presentaos y entrometidos.


Frases y palabras aprendidas en Madrid por estudiantes portorriqueños. –“Mientras los asuntos de los puertos sean asuntos portuarios, los de Puerto Rico, serán portorriqueños”– “Los hispanoamericanos tienen los mismos defectos que los españoles… Pero ninguna de sus virtudes”. ¡–Tú crees eso!. –Son bromas, chaval. “Chaval: muchacho. –Me voy, tengo mucho que estudiar… “Que te cunda.” ––¿Que me qué?... Cundir: que me rinda, que me sea suficiente y de provecho. “Ese muchacho siempre anda cundío de piojos”.


“¡Ahí va!” Nuestro: “Cógelo que va sin freno”. Dos norteafricanos caminan por la Gran Vía luciendo dos largos abrigos de color violeta brillante. Lucen también dos muy bellas españolas blancas y pelo negro en moño posterior y con claveles. El madrileño castizo al verlos pasar se detiene y exclama: “¡Ahí va….!” A menudo que avanzan hacia la Plaza de España continúan recibiendo ¡Ahí vas! a diestra y siniestra. “Pues eso”: Es lo que te digo yo. “¡Hombre! No te digo lo que hay”: Tal como te lo he dicho. “Sabes lo que te digo”: Te voy a decir una cosa. –“Para que te chinches”. Para que te fastidies. Para que sufras. –“Peine”: peinilla. Medias de hombre: “calcetines”. Brillantina de hombre: “fijador”. La brillantina es para los moños brillosos de las bailarinas andaluzas. “Zumo de naranja”: jugo de china. “Plátano”: guineo. “Tarta” de bodas: bizcocho. “Pasteles” bizcochitos surtidos. “Chato” de vino: vaso corto. “Caña” de cerveza: vaso largo de cerveza. Al niño que se porta mal en el cine: “Te voy a dar una nalgada en el cu”… (cucú, pompis.) Una “zurra”: una fuetiza. Muchacha “juncal” (de junco ) bejuco largo y liso de algunas plantas. Muchacha alta, esbelta, delgada y elegante. “Guasa”: relajo. Bromas de mal gusto. El “don” vale más que el “señor”. En los exámenes orales a los profesores, en vez de doctor, había que dirigirse a ellos como don Fernando o don Benigno. A las criadas que limpiaban las escaleras de la casa de apartamentos uno se dirigía a ellas como: “Señá” Dolores. “Señorita”: signo de respeto. A todas las damas desconocidas. Incluso a las condesas de 80 años uno se dirigía a ellas como Señorita. “Señorito”: trato formal al dirigirse a jóvenes de buenas familias, muchacho “de casa bien”: Estudiante, profesional joven. “Gilipolla”: tonto, estúpido, majadero. “Chuletas”: pequeñas notas para estudiar en un examen. “Droga” en Puerto Rico. “Callos” a la gallega, a la madrileña: mondongo”.

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