• Editorial Semana

Malezas y flores


Por: Dr. Francisco Rivera Lizardi

riveralizardi@yahoo.com


Una vez graduado de la Escuela de Medicina Tropical de San Juan de Master en Ciencias Sanitarias en 1951, fui nombrado Supervisor de Saneamiento Ambiental del Distrito –Cayey, Cidra, Aibonito–. En un recorrido por las oficinas me entero que hay un personaje conocido como Malezas y Flores que iba por los mundos de Dios, recitando en sus momentos, uno de los versos de la poesía de don Luis Llorens Torres – Valle de Collores: Cuando salí de Collores,… entre malezas y flores…


Nunca lo conocí, pero desde los años 40, estudiante de la Superior Gautier Benítez, conservo el libro que me regaló mi papá: Alturas de América, de Luis Llorens Torres. Recurrí a mi libro y su poesía: Valle de Collores. Leí: Cuando salí de Collores fue en una jaquita baya. Por un sendero entre mayas, arropás de cundiamores. Adiós malezas y flores, y los viejos de mi alma y los hermanitos míos… ¡Qué pena la que sentía, cuando hacia atrás yo miraba, y una casa se alejaba, y esa casa era la mía! La última vez que volvía los ojos, vi el blanco vuelo de aquel maternal pañuelo


empapado con el zumo del dolor. Mas allá, humo esfumándose en el cielo.


Eran precisamente las poesías La mujer puertorriqueña y Valle de Colores, mis favoritas. De tanto leerlas casi las memorizaba. Hoy les comentaré sobre Valle de Collores. Mi favorita, la muy bonita poesía a La Mujer Puertorriqueña, la comentaré próximamente.


En la poesía Valle de Collores, quiere Llorens Torres expresar su amor por la familia y el lugar en donde nació y se crió. La bondad y el amor recibido de sus padres… El trato de su madre y la felicidad distribuida entre sus hermanitos, era tal que a él no le impor–taban los años pasados para revivirlos de nuevo.


Los bellos recuerdos de su niñez, del hogar donde nació y se crió.... Y la belleza del entorno que siempre lo rodeó, nunca le fue posible olvidarlos. Por eso, una vez graduado de universidades españolas: Barcelona, Granada, donde estudió, para luego traba-

jar con gran éxito siempre en sus empresas. Y además, lograr grandes triunfos en las bellas artes, le era tan necesario el recuerdo de su hogar y la belleza de sus alrededores… La última vez que volví el rostro vi el blanco vuelo de aquel maternal pañuelo empapado con el zumo del dolor…. Más allá, humo esfumándose- en el cielo.


Termina su poesía diciendo: Ah, la gloria es sueño vano. Y el placer tan solo viento. Y la riqueza, tormento. Y el poder, hosco gusano.. Ah, si estuviera en mis manos borrar mis triunfos mayores, y a mi bohío de Collores, volver en mi jaca baya por el sendero entre mayas arropás de cundiamores…


En una de mis estampas escritas para La Semana comentaba que al abordar el avión que me llevaría a New York para allí abordar el barco inglés Mauretania que me llevaría a Francia para luego llegar a Madrid para estudiar Medicina. Al despedirme de mi madre desde la escalera del avión, yo, primer pajarito que abandonaba su nido cagüeño de la calle Padilla 68, la vi ondulando su pañuelo blanco. Lleno del mismo zumo del dolor que el de la despedida de Llorens en su poesía Valle de Collores.

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