• Editorial Semana

María Bonita, María del alma


Por: Dr. Francisco Rivera Lizardi

riveralizardi@yahoo.com


Agustín Lara, mexicano, y nuestro Rafael Hernández, son dos de las más bellas voces musicales de hispano América. De joven escuché por la radio a Agustín Lara decir que si queríamos escuchar la melodía de una bella canción, prestáramos atención a Campanitas de cristal, de Rafael Hernández. Mucho favor nos hizo. Pero, hay una canción de su talento musical muy atractiva internacionalmente: María Bonita. Dedicada a su bella joven esposa: la actriz del cine mexicano, María Félix. Considerada como la máxima diva del séptimo arte en su país y uno de los más emblemáticos íconos de su Época de Oro, tuvo una brillante trayectoria cinematográfica que comprendió 47 películas realizadas entre México, España, Argentina Francia, Italia. Así decía María Bonita:


“Acuérdate de Acapulco de aquella noches María Bonita, María del alma. Acuérdate que en la playa, con tus manitas las estrellitas las enjuagaban. Tu cuerpo del mar juguete, nave al garete, venían las olas: lo columpiaban. Y mientras yo te miraba, lo digo con sentimiento, mi pensamiento…me traicionaba. Te dije muchas palabras, de esas bonitas con que se arrullan los corazones. Pidiendo que me quisieras, que convirtieras en realidades, mis ilusiones. La luna que nos miraba, ya hacía un ratito, se hizo un poquito desentendida. Y cuando la vi escondida, me arrodillé pa’ besarte y así entregarte… Toda mi vida.


Amores habrás tenido, muchos amores, María Bonita, María del alma (–en sus muchas películas, claro está–). Pero ninguno tan bueno y tan honrado como el que hiciste que en mí brotara. Lo traigo lleno de flores para dejarlo como una ofrenda, bajo tus plantas. Recíbelo emocionada y júrame que no mientes, porque te sientes… Idolatrada”…


Muy bonita canción para una muchacha muy, muy bonita. Logró conquistarla y se casaron en 1945. El era 20 años mayor que ella. A María Félix, siempre se la cantaban en todo lugar que fuera a visitar o a debutar.


Otra bonita melodía que compuso para ella lo fue: Madrid. Escuchémosla en silencio:

“Cuando llegues a Madrid chulona mía: Voy a hacerte emperatriz de Lavapiés. Alfombrarte con claveles la Gran Vía. Y a bañarte con vinillo de Jerez. En Chicote un agasajo postinero, con la crema de la intelectualidad. Y la gracia de un piropo retrechero: más castizo que la calle de Alcalá. Madrid, Madrid, Madrid: Pedazo de la España en que nací. Por algo te hizo Dios, la cuna del requiebro y del chotís. Madrid, Madrid, Madrid: En México se piensa mucho en ti. Por el sabor que tienen tus verbenas. Por tantas cosas buenas que soñamos desde aquí. Y vas a ver lo que es canela fina y armar la tremolina cuando llegues a Madrid”.


Notas: Lavapiés es una conocida barriada de lo más castizo de Madrid. Chicote: un restaurant elegante en la Gran Vía. Retrechero, muy atractivo. Requiebro: halagos, “flores” a los atractivos de la muchacha. Chotís: baile típico de las afueras madrileñas, de pasos lentos. Vestimenta chula: En él, gorra-sombrero ladeada. En ella, pañuelo de gran colorido en la cabeza y una flor en el cabello. Canela fina: Cosa muy fina y atractiva. Tremolina: ambiente de bulla y continua alegría y confusión de voces.

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