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  • Editorial Semana

Mas adelante vive más gente


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


Al comienzo del verano suplicábamos porque lloviera pues enfrentábamos una preocupante sequía. Más tarde llovió y el tema se detuvo en la boca de la gente.


Un verano caliente en temperatura y en el ánimo de aquellos que dieron muerte a tanta gente, entre masacres, asesinatos y feminicidios.


En el verano, del COVID-19, algunos parecen haberse olvidado de que no se ha decretado el fin de la Pandemia y que las agencias de salud siguen monitoreando los hospitalizados, que continúan los fallecimientos y los centros para pruebas y vacunaciones se mantienen abiertos. Tal parece que de algún modo hemos aprendido a vivir con el virus, cosa que se hacía necesario, pues ya nos enfermaba el miedo.


Es importante dejar a un lado el miedo, el miedo que paraliza, ciega y evita mantenernos en control. De la Pandemia que aún las agencias de salud mantienen como activa, lo importante es, asegurarnos haber aprendido la lección y mantener presente lo que esta experiencia nos legó. Mantengamos siempre una higiene adecuada, guardemos distancia adecuada y utilicemos mascarilla cuando lo entendamos necesario. Pero cuidado con esto de exigir la mascarilla, que su uso ha sido excusa para irresponsables y criminales, aprovecharse para cometer sus fechorías.


Cuando creíamos ir manejando el COVID-19, apareció la viruela del mono, que, aunque no tan peligrosa como el COVID-19 en sus inicios, no deja de ser un nuevo reto que manejar, pero si aplicamos lo aprendido con el COVID, deberíamos mantenerlo en control.


Una ola de calor nos impacta este verano, un calor que no se parece en nada al que conocíamos en nuestros veranos. Y dentro de este ambiente sofocante, cerramos el verano con diez feminicidios, cada uno de ellos cuan más dramático y aterrador.


No sé si el clima es parte de lo que provoca tanto descontrol y enfermedad en aquellos que ciegos por la pasión, deciden acabar con la vida de sus exparejas, porque es un denominador común el que estos actos se dan entre relaciones que terminan o que no funcionan.


Falta de respeto a la vida, rabia, rencor, humillación, egoísmo, falta de fe, baja autoestima, falta de dignidad propia, descontrol y enfermedades mentales, entre otras, son parte de las cosas que deben estar detrás de cada una de estas acciones. Un asunto que, como sociedad, urge lo evaluemos e identifiquemos, en dónde está el error que hemos cometido o que es lo que está provocando este “virus fatal” pues tal parece que se pega como el COVID y que corre entre nuestros hombres y los lleva a actuar de manera tan irracional.


Con el machismo nos queda mucho por hacer. Ni una más, ni una menos ha sido consigna general, pero también a nuestros niños y jóvenes debemos enseñar, que como dice el refrán, “más adelante vive más gente”, para que la razón y el valorarse a sí mismo sea mayor, que cualquier relación que parezca romper el corazón.

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