• Editorial Semana

Mendacidad


Por: Jesús Santa Rodríguez


Nuestro país está en uno de los momentos más desafiantes para su sistema democrático, a raíz de la aprobación de una reforma electoral que trastocó el andamiaje de la Comisión Estatal de Elecciones para beneficiar el Partido Nuevo Progresista (PNP), restando legitimación a los comisionados de los demás partidos en asuntos administrativos y otras medidas que abren la puerta al fraude. Si tiene duda, pregúntese por qué a estas alturas la Comisión sigue en la negativa de publicar los resultados del escrutinio según van reportándose. Analicemos las motivaciones.


Joseph Goebbles fue uno de los colaboradores más cercanos del infame Adolfo Hitler, llegando a ser el ministro de propaganda de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Hitler y Goebbles lograron manipular a su ejército y al propio pueblo para consagrar sus fines criminales utilizando como máxima “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Detrás de este andamiaje de engaños, se creó una plataforma propia para la diseminación de la manipulación y el odio; un diseño repudiable que causó la pérdida de millones de vidas y el robo de gran parte del patrimonio universal.


Lo más escandaloso es que aún hoy hayan personajes que recurren a la indignidad de la mentira para acondicionar las mentes vulnerables y jugar con su voluntad. Son maestros de la insidia, la mendacidad y todo lo que rechazan los grandes pensadores y movimientos que han luchado por los derechos y las libertades inherentes al ser humano.


Un ejemplo concreto es la falacia de ciertos miembros del PNP que buscan mangonear con los resultados electorales a su conveniencia. Por un lado, minimizaron los reclamos de representantes de otros partidos y movimientos que advirtieron sobre la necesidad de escrutar con pulcritud los votos emitidos por los ciudadanos en las elecciones pasadas para evitar el fraude. Por el otro, insisten en que mantendrán la mayoría de los escaños en la Asamblea Legislativa, sin que dicho reclamo sea corroborable ni esté respaldado con datos confiables.


Algunos de sus líderes se prestan para ensuciar la voluntad del pueblo repitiendo una y otra vez la mentira de que prevalecerán con la mayoría cameral para coger de tontos a sus propios acólitos, en un montaje mediático copiado de otra figura oscura para la historia, el presidente Donald Trump, quien insiste en afirmar que ganó una elección en la que fue derrotado ampliamente y sin posibilidad alguna de prevalecer.


Nunca en la historia de Puerto Rico se habían vivido momentos de tanta inestabilidad social, económica y política como en este cuatrienio y jamás el país había sido testigo del intento de atraco a la democracia como atestiguamos durante las pasadas elecciones. Es precisamente por gente como esta que la clase política ha caído en la generalización del desprestigio colectivo. Puede que logren engañar a unos pocos. Pero, esa masa sólida llamada “pueblo” nota que tratan de manipular su voluntad para apropiarse de las instituciones públicas en un calco de los sistemas políticos que ellos mismos tanto critican, cayendo en los niveles más bajos de la deshonestidad y la procacidad.


A este drama de la mendacidad se suma la complicidad del presidente de la Comisión Estatal de Elecciones, quien se ha prestado para la confabulación y el truco al engavetar los resultados del escrutinio general, con el fin de alimentar la farsa sobre la prevalencia de una mayoría legislativa que ya no pertenece a su partido. Al presidente de la Comisión le exigimos que cumpla, de una vez, con la Ley, y publique los resultados por precinto con prontitud y diligencia.


El filósofo alemán Nietzsche resumió bien lo que el pueblo le expresó el pasado 3 de noviembre a quienes siembran mentiras y cargan con agendas arribistas: “lo que más molesta no es la mentira sino que, de aquí en adelante, no habrá espacio para creerles”.

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