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¡No es autismo, es apraxia!

Por: Nellie Torres de Carella

Patóloga del Habla y Lenguaje

Directora Instituto Fonemi de Puerto Rico


Aunque confundir autismo con apraxia no causará la muerte de ningún niño, si afectará totalmente su vida presente y futura. Sus consecuencias pueden ser terribles: un tratamiento equivocado y, por ende, un progreso mínimo, si alguno.


El trastorno del espectro autista (TEA) afecta adversamente la manera en la que un individuo percibe su ambiente y socializa con otras personas. Causa problemas significativos con la interacción social y la comunicación. Mientras, la apraxia del habla infantil (AHI) es un trastorno motor con dificultad para planificar, coordinar, secuenciar, producir y combinar movimientos orales necesarios para producir fonemas, sílabas, palabras, frases y oraciones. Su origen es también neurológico.


Una característica del diagnóstico de autismo es dificultad con la comunicación. Algunos pueden tener cinco años y aún no se comunican verbalmente. O producirán una jerga repetitiva, con los mismos sonidos del habla, que resulta incomprensible. De forma similar, hay niños con apraxia que al recibir diagnóstico equivocado y tratamiento inadecuado, pueden llegar a los cinco años sin poder comunicarse verbalmente de forma que se les entienda. Sólo sus familiares los entienden, y en ocasiones, ni siquiera comprenden lo que dicen.


Ambos llegarán a Kínder con comunicación verbal limitada. Por desconocer el diagnóstico de apraxia, se asumirá que ambos son niños con autismo. Como consecuencia, podrían ubicarse en el mismo grupo de educación especial: un grupo para niños con autismo. Esto condenará al niño con apraxia a pasar año tras año sin que se le trabaje su dificultad particular de forma adecuada.


Generalmente el niño con autismo tiene dificultad con la pragmática, con la comunicación social, inclusive con la destreza de intención de comunicación. Suelen comunicarse por necesidad o por algo de sumo interés. Mientras, aquel con apraxia que quiere comunicarse se frustra porque no logra hacerse entender; es un niño muy social.


Frecuentemente tiene dificultad con la comunicación no verbal, como gestos para señalar, afirmar o negar con la cabeza y expresiones faciales que expresen un mensaje. Por el contrario, el que tiene apraxia domina el lenguaje no verbal, se ayuda con gestos y hasta desarrolla algunos en su afán de hacerse entender. La dificultad con el contacto visual, con mirar a las personas a los ojos, es común dentro del autismo, pero no en la apraxia.


Los problemas de conducta son comunes en ambos diagnósticos, pero en autismo son secundarios a un trastorno de procesamiento sensorial. Suelen presentar conductas atípicas y repetitivas como aleteo de manos, gritos constantes y tendencia a dar vueltas, o dar vuelta a los objetos, entre otras conductas. Sin embargo, los problemas de conducta de los niños con apraxia surgen por la frustración de no poder comunicarse; son más bien la típica rabieta o llanto al no poder conseguir lo que desea porque no logra hacerse entender.


Dificultades con las destrezas prelingüísticas son comunes dentro del autismo. Estas se desarrollan desde antes del año y son indicadores de desorden del desarrollo. Una de ellas es la destreza de imitación. Los niños con autismo presentan dificultad general significativa con la imitación en todas sus variables. Mientras, los de apraxia tienen buenas destrezas de imitación, excepto al intentar imitar el habla: sonidos, sílabas, palabras, frases y oraciones. En términos generales quienes tienen apraxia dominan los precursores lingüísticos, contrario al autismo.


Aunque ambos niños producen un habla ininteligible, aquellos con autismo producen una jerga sin propósito comunicacional, solo para estimularse auditivamente. Lo contrario ocurre con la apraxia, con la intención de comunicarse intentando expresar lo que desea, siente o piensa.


¿Puede un niño tener los dos diagnósticos? Sí, lo cual complica aún más el cuadro. El autismo es el primario porque es el que más afecta el desempeño por su complejidad. Cuando ocurre, el pronóstico de desarrollar comunicación verbal es reservado, no por tener dificultad con el planeo motor verbal, con producir los sonidos y las palabras. A esto se une a la dificultad de la intención de querer comunicarse socialmente.


La orientación es clave para conocer más el diagnóstico de apraxia del habla infantil y no se confunda con ningún otro. Esta responsabilidad es de todos, empezando con patólogos y terapeutas del habla y lenguaje porque somos los llamados a hacer el diagnóstico y a orientar a padres sobre las necesidades de estos niños. La responsabilidad se comparte también con pediatras y profesionales que atienden a la población de educación especial, como psicólogos, terapeutas ocupacionales, maestros y neurólogos.


No todo problema severo del habla, de comunicación, es por la presencia de autismo. La apraxia es tratable y puede superarse con tratamiento especializado para ese diagnóstico si lo recibe a tiempo. Estos niños presentan dificultades para aprender a leer y escribir. Sin embargo, pueden aprender si se ubican en una escuela con un currículo diseñado para estudiantes con ese diagnóstico.


En 2019 se firmó una ley en Puerto Rico para declarar el 14 de mayo de cada año como el Día de Concienciación de la Apraxia del Habla Infantil. Es momento de crear conciencia social del problema, de las necesidades particulares y retos de estos niños que no tienen voz ni cuentan con capacidad verbal para protestar y decir basta ya.

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