Ocho mil resumés y una administración en sequía


Hay semanas que retratan a un gobierno mejor que cualquier encuesta. Esta fue una de ellas. Mientras miles de familias puertorriqueñas hacían fila con galones vacíos, en La Fortaleza atendían otra sequía: la de nombres propios.
La gobernadora Jenniffer González designó a la exsenadora Norma Burgos Andújar como secretaria de la Gobernación, en sustitución de Francisco Domenech, quien salió del puesto luego de que el exsecretario del DDEC, Sebastián Negrón Reichard, declarara bajo juramento ante el Senado un supuesto patrón de irregularidades e influencia indebida. La respuesta al escándalo no fue una investigación a fondo ni un golpe de timón ético. Fue sacar del retiro a una figura que ya había sido secretaria de Estado en 1995, cuando muchos de los abonados que hoy cargan cubos todavía no habían nacido.
Y aquí la pregunta que en Fortaleza nadie quiere contestar: ¿dónde fueron a parar los miles de resumés —más de ocho mil, según ella misma— que la gobernadora dijo haber recibido en su plataforma de reclutamiento? Se nos vendió una administración de talento nuevo, de “la mejor gente”. Año y medio después, el banco está vacío y hay que llamar a la reserva. Eso no es experiencia: es bancarrota política. Cuando un partido en el poder no encuentra en su propia matrícula un solo cuadro nuevo que aguante el escrutinio público, lo que confiesa no es sabiduría, sino agotamiento.
Tampoco es un nombre libre de controversias. La designada arrastra señalamientos por la contratación de su hijo en la Comisión Estatal de Elecciones, una multa de $5,000 de la Oficina de Ética Gubernamental y cuestionamientos por el manejo de suministros tras el huracán María. Se sustituye un problema con otro y se le llama “nueva etapa”.
Mientras tanto, la etapa que sí viven los puertorriqueños se mide en galones. Hay racionamiento programado en varios municipios, estado de emergencia en Río Grande y Canóvanas y la Guardia Nacional activada para repartir agua. En Carraízo, del que dependen unos 180,000 abonados, un dragado costoso recuperó menos del 10% de su capacidad original. La sequía la manda la naturaleza; la falta de agua almacenada, de tuberías reparadas y de planificación es responsabilidad humana, y tiene nombre y apellido en cada agencia.
Ahí está el paralelo que duele. El mismo gobierno que no supo llenar un embalse tampoco supo llenar un puesto. En ambos casos hubo tiempo, aviso y recursos; lo que faltó fue voluntad de administrar. Se improvisa cuando ya no sale agua por la pluma y cuando ya no hay quien firme los memorandos para aprobar los contratos a los amigos del alma.
A las familias del este y del área metropolitana no las consuela un resumé de una política de los años noventa. Les urge presión en la tubería, camiones que lleguen, plantas de filtración que funcionen y una Autoridad de Acueductos que rinda cuentas. Desde la Cámara seguiremos exigiendo que se atienda al Pueblo. El agua no se administra con comunicados de prensa ni golpes de imagen.
Un gobierno que se queda sin agua y sin gente no está acelerando. Está retrocediendo.
El autor es representante por Caguas
en la Cámara de Representantes



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