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  • Foto del escritorEditorial Semana

Oremos por la paz


Por: Jesús Santa Rodríguez


La historia del mundo oscila entre periodos de gran agitación e inestabilidad política, económica y social, seguidos por es-pacios que propenden al florecimiento de la paz, el esfuerzo por revivir y al-canzar ideas que promue-ven el desarrollo de las ciencias y las artes, y los valores humanizantes que Por: Jesús Santa Rodríguez conducen a etapas de renacimiento de los pueblos.


Hoy, somos testigos de cambios importantes que ame-nazan la estabilidad y la paz. La pandemia y el conflicto entre Rusia y Ucrania revelan la fragilidad de los acuerdos alcanzados entre las potencias mundiales, así como la dependencia de recursos, como el combustible y los alimentos, que ya comienza a escasear en muchos países, poniendo de plano el verdadero estado de vulnerabilidad de todas las naciones como resultado, principalmente, de los intereses económicos y el control de los espacios de poder de unos pocos por encima del bien común.


Por un lado, la pandemia del Covid-19 ha afectado la economía de todos los países y su capacidad de manejar las necesidades más apremiantes de la gente. Cuando ya comenzábamos a ver una luz al final del difícil camino de la pandemia, se han vuelto a desencadenar otros brotes que han provocado una nueva etapa de aislamiento que podría tener efectos históricos importantes.


Por otra parte, la guerra en Ucrania no solo tiene un efecto social devastador sobre los pueblos implicados, a raíz de los actos de violencia que han vivido y el desplazamiento de millones de personas lejos de su país. Este conflicto también podría desencadenar una insuficiencia en la oferta de alimentos, lo que trae un efecto en cascada que resultará en el incremento de los precios y hasta la falta de disponibilidad de productos básicos.


Pero, por encima de estos desafíos, sabemos que todo esto también pasará.


Este 2022 se cumplen tres años de celebraciones de la Semana Santa bajo el manto de la pandemia, y más de dos mil años desde la muerte y pasión de Cristo, tiempo que contuvo un sinnúmero de manifestaciones similares a las que estamos atestiguando en el presente. Los pueblos de entonces estaban subordinados y esclavizados por el imperio romano. Los judíos clamaba por una señal de liberación y concordia que llegó, de acuerdo con los Evangelios, encarnada en Jesucristo.


Enmarcados hoy por sucesos que causan incertidumbre, se nos presenta esta nueva Semana Santa como oportunidad para reflexionar sobre lo que anhelamos dejar como legado perdurable para nuestros hijos e hijas. Desde nuestros espacios, abramos los corazones en una misma oración para que recibamos sabiduría y disposición de arar y sembrar en la tierra buena de nuestro país y del mundo. Igual al milagro cristiano de la derrota de la muerte por la promesa de la resurrección eterna, oremos a Dios por que la salud sofoque toda enfermedad, el des-prendimiento sobrepase la avaricia, el odio sucumba ante la paz y la concordia derrote todo lo que nos divide.


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