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  • Foto del escritorEditorial Semana

Oro, incienso y mirra


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


Cuenta la historia que unos reyes de oriente caminaron siguiendo una estrella, que los diriigó a un portal en Belén donde había nacido el Niño Jesús. De esa historia, surge una tradición, en muchos países que en su formación como pueblo fueron convertidos al catolicismo: la Celebración del Día de los Reyes.


En Puerto Rico, esta celebración transcendió el aspecto religioso para hacerse formar parte de toda una tradición, que se manifiesta en diversos aspectos culturales del país.


Nuestra tradición y afecto por la celebración de esta fiesta corre por donde quiera que haya un boricua. De hecho, recientemente en un teatro en New York, una obra de teatro se exhibía en estos días, llevando el mensaje cultural de nuestro país y promoviendo la celebración en la diáspora puertorriqueña.


La celebración del Día de Reyes en Puerto Rico es de tal significado, que hasta los hemos montado a caballo y obras de arte y esculturas por artistas locales los representan, por nuestros campos y comunidades. En nuestro país, pensar en ese día es pensar en música y comida típica, visitas y presentes para los niños.


Según cuenta la historia, esos reyes llevaron regalos para el Niño Jesús, le entregaron oro, incieso y mirra. De ahí la tradición de guardar para ese día los mejores regalos, cosa que ha cambiado un poco. Aún recuerdo con la ilusión que buscaba una cajita donde en la víspera del Día de Reyes salía al patio a recoger grama para ponerle debajo de la cama a los camellos que entendía llegarían sigilosos a traerme regalos, como le llevaron alguna vez al Niño Jesús. En la mañana me sorprendía ver cómo los camellos habían comido y allí estaban mis regalos. Nada como la ilusión en los niños.


Los tiempos han cambiado, pero sin duda, promover la ilusión y la fe en los niños, debe ser un compromiso de todos una vez nos convirtamos en adultos. La ilusión que ayuda a forjar corazones sensibles, la ilusión que al crecer se convierte en deseos de lograr cosas buenas, la ilusión que pone sonrisas espontáneas y nos hace creer en que algo mejor es posible y llegará.


Como país debemos trabajar para que aún con el cambio de los tiempos, los niños de nuestro país reciban regalos con el mismo valor de los que los reyes llevaron a Belén. Convirtamos el oro en educación de calidad, pues la educación es el mejor arma y herramienta para asegurar un futuro prometedor. Convirtamos el incienso en espacios y actividades que promuevan el desarrollo sano. Convirtamos la mirra en espacios de crecimiento y oportunidades de desarrollo en su propio país. Pues nada mejor que sentir el olor de nuestra tierra, campos y playas y saber que aquí podemos crecer y progresar, y que cada día sean menos, los que canten “Mamá, Borinquen me llama, este país no es el mío”…


Esperemos los reyes con ilusión, coloquemos nuestra cajita con fe y pidámosle que lleguen con sus manos llenas de oro, incienso y mirra.


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