• Editorial Semana

Por dónde corre el folklore de nuestro pueblo


Por: Juan David Hernández León, PhD c.


Yulianito, era un niño que nació en la parte urbana de su pueblo. Este creció muy rápido, según las conversaciones que llevaba a cabo con sus congéneres. En una conversación con un maestro de la escuela superior, le preguntó: - ¿Cuál fue el momento más feliz que tuviste en tu temprana infancia? Yuliano le dice al profesor, sin pensarlo mucho: – Para mí, fue cuando escuchaba las nanas que me cantaban mi madre, mi abuela y mi nana. Era un proceso casi religioso que después del baño de las tres de la tarde, me dieran una botella de leche con “Gudo” y me cogieran en su falda, sentadas en un sillón, me mecieran y comenzaba el tan ca clan del sillón y las nanas que cantaban. En ocasiones eran himnos religiosos, pero en otros eran de tradición europea – creía yo.


Es como si las estuviera viéndolas cantando: “Si este niño se duerme yo le regalo o un arito de oro para sus manos, para sus manos, para sus manos o, un arito de oro para sus manos. Hay Cielo santo como ha llovido, que hasta los palos secos han florecido, han florecido, han florecido, o, que hasta los palos secos han florecido. El Ratoncito Pérez cayó en la hoya, a, la Cucaracha Martínez llora y lo llora, como lo llora, como lo llora, a, la Cucaracha Martínez como lo llora. ¡Ay turulete!, ¡ay turulete, e!, el que no tiene vaca, no bebe leche. Como este niño la tiene la bebe siempre, e, como este niño la tiene la bebe siempre”.


Si bien era simplemente una nana, no es menos cierto que ésta, era una fórmula perfecta para que no solamente Yulianito se durmiera, sino que la combinación de la soledad de la tarde, la tristeza de la misma, la monotonía del cántico y el tan ca clan del sillón, hiciera que todos los niños y adultos que lo escucharan, quedaran abrazados por Morfeo. El profesor le pregunta y - ¿cómo era la nana? Le contesta Yuliano: – Era una prieta grande, fuerte y muy tierna. Abuela me decía que ella me amamantó igual que si hubiera sido mi madre. El profesor vuelve a increpar a Yuliano - Y ¿qué fue de ella? - Solamente supe que vivía en el viejo Troche en la calle Santa María, la vi dos o tres veces. Vuelve el profesor como gran inquisidor- Pero, ¿no la buscaste más? Yuliano le dijo que no, que ese arrabal había sido expropiado y la gente la habían mudado a los residenciales Raúl Castellón y José Gautier Benítez por parte de la CRUV. Además le contó que los que viven en esos lugares eran gente con malas costumbres, negros vulgares. El profesor vuelve a increpar a Yuliano y le dice: - contra, si tú eres racista y estás cometiendo el primer pecado mortal para un ser racional, que es generalizar y encajonar a la gente como si fueran cosas. Yo vengo del mismo barrio que doña Juana, del viejo Troche y no me mudé al caserío porque mi madre luchó como una leona y consiguió una casita en la Barriada Morales. De mi parte te diré que trabajé desde que tenía tu edad, es más desde antes, en el Comercial La Canasta en la misma Barriada. En mi casa nunca se habló de colores porque mi abuela era tan prieta como Doña Juana que te ayudó a criar. Mi abuela bebía café en la sala y me transmitió de forma oral, las nanas que me acabas de mencionar y no solamente eso, me contaba los cuentos de Juan Bobo y fragmentos de poemas de Gustavo Adolfo Bequer y de Magdaleno González. También me enseño a dar las gracias, a decir, con permiso, por favor y ser bueno. Estoy seguro que Doña Juana hizo lo mismo contigo – ¿o, no? Después de la pequeña pero profunda discusión Yuliano se fue camino al baño y se encontró en la misma dirección a Carmencita la estilista y ella le preguntó: - ¿Vas a pasar por el “Beauty” el sábado, para darle un alisado a ese pelo, que lo tienes como pepita de jobo?. .

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