• Editorial Semana

¡Por favor la mascarilla!


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


No tengo duda de que un cambio climático se ha producido en el Planeta, o ¿acaso cree usted que los calores que sentimos en los últimos años son iguales a los de años anteriores? Entre el clima y nuestra cultura puertorriqueña, llegado el verano casi todos sólo en playa, paseos y chinchorreo piensamos. Pero este verano ya no es igual o más bien, ya no debe ser igual. Quien se pregunte ¿por qué?, ha olvidado que no hemos sobrepasado la pandemia.


Es cierto que el encierro y las limitaciones que impusieron unas y otras nos debimos autoimponer, crearon en todos o en la mayoría, algún nivel de ansiedad y un deseo creciente de poder salir, distraernos, tomar aire y hasta compartir con familiares y amigos. Pero lamentablemente, aún debemos esperar o mantener limitados todos esos deseos, típicos del verano y que aumentaron más, después de un periodo largo y no acostumbrado, de estar con nuestras libertades de movilidad y reunión limitadas, ante la necesidad de proteger el bien común.


Estos días hemos visto como miles de puertorriqueños salieron a la calle, especialmente a playas, ríos, centros comerciales, lugares de encuentro, chinchorreo o reunión social. Vimos desde fiestas, celebraciones aún con los negocios cerrados como lo vimos en Cabo Rojo, alones de pelo, playas abarrotadas de gente, sucias y llenas de basura otras, grupos en locales bebiendo y compartiendo, sin mascarillas y sin distanciamiento social, todo muestra de lo que no se si definir como un descuido, exceso de confianza, olvido o un deseo incontrolable de salir y moverse del encierro al entierro.


Sí digo entierro, porque es de extrema importancia crear conciencia de que sin duda hay que acostumbrarse a vivir con la nueva realidad, pero con todos sus nuevos requerimientos. Porque el descuido, el olvido, el exceso de confianza, es posible que no nos afecte a nosotros, pero si, a alguno de los que nos rodean y a muchos más que coger enfermedad, les puede costar la vida y en vez de encierro iremos a su entierro o funeral.


Mucho se nos había dicho de que la apertura de comercios, locales y actividades traerían un repunte en los casos positivos pero lo que no podemos aceptar es olvidar que hay una nueva realidad, que debemos observar distancia y que más que la playa o el calor, nuestra vida tiene mucho mayor valor, que si necesitamos algo organicemos para que de llegar al lugar y largas filas hay que esperar, reflexionemos si eso que deseamos comprar, es inminente o extremadamente necesario como para entre tanta gente estar.


Es tiempo de adaptarnos como todo ser viviente, se adapta a su nuevo ambiente. A los cambios de los tiempos debemos responder y recordar que otro encierro nos podría acabar con la tranquilidad y con la mente, con la economía y la gente, que cada vez más difícil se les hace manejar, tantas situaciones adversas y fuera de lo común, que hemos manejado en un periodo de tiempo, que no hemos salido de una y la otra, ya arriba está.


Nos ha llegado el verano y queremos disfrutar, pero por todos los medios debemos recordar, que vivimos algo nuevo. Si no queremos encierro, si debemos trabajar si a los niños a los viejos los queremos proteger, ¡por favor la mascarilla debemos siempre tener! Esforcémonos por adaptarnos y evitemos incumplir pues de seguro que por un tiempo con mascarilla debemos vivir.

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