top of page
Buscar
  • Foto del escritorEditorial Semana

Porque todos somos hermanos


Por: Lilliam Maldonado Cordero


A pesar de ser fuertemente criticadas por relativizar y trivializar temas, y hasta convertirse en herramienta para la desinformación, las redes sociales han sido puntuales en conectarnos con muchas crisis internacionales y problemas sociales, llevándolos a la mirilla de la opinión pública, e invitándonos a reflexionar.


Para quienes creemos en la invitación bíblica “escuchadlo todo y retened lo bueno”, las redes sociales también nos ofrecen la oportunidad de educarnos y sensibilizarnos sobre asuntos de política pública internacional que, de no ser por eventos que adquieren gran visibilidad, estaríamos enajenados de mucho de lo que sucede en otros países, mostrándonos las distintas caras de las raíces detrás de los conflictos y sucesos que se desatan en otras comunidades.


Han sido las redes sociales las que nos han alertado sobre las desgracias relacionadas con las víctimas del racismo y la violencia policial en Estados Unidos, como la muerte de George Floyd, Tyre Nichols y Anthony Lowe. A pesar del dolor que nos producen estos actos, que nos llegan con inmediatez por distintas plataformas y herramientas de forma cruda, ha sido gracias a esa disponibilidad casi instantánea que se desarrollan movimientos sociales capaces de generar cambios importantes en las leyes y la conducta de muchos. Reconocemos que el comportamiento deleznable del abuso resultado de los prejuicios no ha cesado, pero no dudamos que la visibilidad de estos actos son un disuasivo para muchos otros que, de otra manera, hubieran seguido nutriéndole de impunidad e injusticia.


Más recientemente, hemos sido testigos absortos de la escalada en el conflicto entre hermanos israelíes y palestinos, víctimas de milenios de guerras que ahora se han recrudecido por luchas y guerras por mantener sus estados políticos y sitios sagrados. Algunas personas se aventuran a pasar juicio sobre las actuaciones de unos contra los otros sin entender ni detenerse a conocer e investigar el trasfondo histórico detrás de estas hostilidades. El hecho cierto es que nada justifica la violencia por parte de ninguno de los bandos, particularmente los abusos, las violaciones ni las ejecuciones de forma indiscriminada contra civiles: niños, mujeres, hombres y viejos inocentes que se hallan en medio de estas rivalidades.


Ante una escena tan sombría desatada a miles de millas de distancia que nos llega a través de los partes de noticias internacionales o las redes sociales, debemos poner nuestro empeño en evitar polarizar aún más la discusión pública. Seamos sensatos y sensibles ante el sufrimiento de estos dos países y sus ciudadanos que padecen por causa del terrorismo y la inestabilidad política y social que podría continuar costando más vidas durante los próximos días. Sean israelíes o palestinos, ninguno merece ver morir a sus niños, ni a sus hijas abusadas.


Desconocemos el rumbo que tomen estos eventos tan importantes para la historia de la humanidad, especialmente para estos pueblos que ya han sufrido demasiado, precisamente por los prejuicios y la xenofobia. Como hermanos y hermanas de ellos -porque somos una misma y única especie humana-, solidaricémonos con su dolor. Cerca de nosotros, seguramente, tengamos amigos que tienen parte de su familia en medio de esta crisis, sufriendo por la destrucción, la incertidumbre y la pérdida de sus hogares y hasta de seres queridos. Es en momentos como este que las palabras son insuficientes. Actuemos con amor fraternal, mantengamos un espíritu solidario y una disposición para la paz.

2 visualizaciones

Entradas Recientes

Ver todo

Comments


bottom of page