• Editorial Semana

Prevalece el miedo y la dependencia


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


“Los pueblos que eligen corruptos no son víctimas, son cómplices” (Proverbio chino)


Aunque al momento de escribir esta columna desconocíamos los resultados finales de las elecciones generales del 3 de noviembre, todo parece indicar que habrá de prevalecer la desprestigiada doctrina del miedo, la demagogia y la dependencia paralizante del bipartidismo decadente de nuestros tiempos. Así las cosas, resulta francamente frustrante y doloroso tener que darle la razón a los que proclaman, como máxima absoluta, que “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. La mera posibilidad de que haya prevalecido el predominio del bipartidismo colonial y corrupto me ha colocado al lado de los proponentes de la “teoría de la conspiración” ante la contienda de seis candidatos para la gobernación del País. No hay que ser politólogo para concluir que el resultado neto de seis candidatos gubernamentales es el producto del antiguo discurso romano “divide y vencerás”. Por supuesto, los más interesados en mantener dividido al electorado puertorriqueño son precisamente los apologistas de la sumisión y el servilismo encarnado por las oligarquías, empresarios, inversionistas, contratistas y los poderosos consocios mediáticos en aras de preservar sus egoísmos y sus intereses creados que emanan de la relación colonial con Estados Unidos.


Desde luego, el principal objetivo de dividir al electorado no es otro que diezmar el sentimiento de identidad y reconciliación nacional ante el degradante cuadro de inmoralidad y traición a los mejores intereses de Puerto Rico. Parecen haber triunfado los faraones del miedo y los saqueadores de nuestra Patria. Ha quedado inequívocamente confirmado que nuestro problema de gobernabilidad no solamente se limita a las restricciones impuestas por el implacable colonizador sino también por el “Síndrome de Estocolmo” que corroe el alma y la consciencia de amplios sectores del electorado puertorriqueño. Se trata sencillamente de esa manifestación de impotencia colectiva recogida en el “pégame, pero no me dejes” del folklor antillano. Naturalmente, erradicar del torrente sanguíneo los efectos nocivos de 122 años de dependencia y dominación estadounidense no es cosa fácil. De ahí que los foros internacionales hayan catalogado el colonialismo como un acto criminal contra los derechos humanos.


Después de todo, el Gobierno de Puerto Rico, su legislatura y sus 78 municipios continuarán bajo sindicatura ante el control de la antidemocrática Junta de Supervisión Fiscal impuesta unilateralmente por el Congreso y el ex presidente Barak Obama. Demás está decir que Juan Dalmau hubiera sido el único gobernador electo capaz de defender los intereses de Puerto Rico ante esa nefasta Junta imperial la cual goza de poderes absolutos para administrar a su antojo el presupuesto gubernamental. Como se sabe, a la Junta poco le importa tener que estrangular los servicios de salud, educación, seguridad, pensiones, UPR y otros servicios esenciales con tal de engordar los bolsillos de los buitres. Sencillamente, la Junta representa un “golpe de estado” legitimado por el Congreso imperial sin tan siquiera haber recibido un solo voto del electorado.


Definitivamente, la Asamblea descolonizadora es un imperativo impostergable.

Suscríbete a nuestro boletín

© Editorial Semana, Inc.

Calle Cristóbal Colón Esquina Ponce de León #21 Caguas, PR, 00725

icono.png