• Editorial Semana

Procesiones Caguas años 30 y 40


Por: Dr. Francisco Rivera Lizardi

riveralizardi@yahoo.com


La procesión de Viernes Santo movilizaba a todo Caguas y sus barrios. Solo 30 caballeros tenían automóvil y hacia todas partes se caminaba. Viernes Santos era un día especial. Todo Caguas se dirigía hacia la iglesia frente a la plaza. Todas las familias católicas llevaban sus hijos para verlas.


La procesión salía de la iglesia y luego de pasear por La Mallorquina y la Alcaldía, dirigía sus pasos por las calles más importantes de Caguas. Recogían nuevas familias que se unían al desfile. También se unían muchos campesinos que llegaba de sus campos en algún camión de los dueños de las fincas que se prestaban para traerlos. Personajes humildes con ropa campesina ligera y algunos algunas con pavas es sus cabezas para protegerse del sol, se unían al desfile. Llamaba la atención el colorido uniforme de las damas que pertenecían a diferentes asociaciones católicas como el Sagrado Corazón.


Se observaba alguna jovencita del pueblo vestida de Virgen María que llamaba la atención en el desfile. Nunca olvido el día en que nuestra hermana mayor Ada Luisa iba a desfilar vestida de Santa Teresita del Niño Jesús. Su estatua reinaba en una esquina del dormitorio de nuestros padres. Las vecinas se enteraron y varias acudieron a ayudarla. Una le trajo un bello y gran crucifijo para que lo cargara en su pecho. Otras le trajeron bellas rosas: rojas, amarillas y blancas para adornar su crucifijo. Otras se encargaban de retocarla y pintarle sus labios para embellecer a Santa Teresita de Jesús. Quedó muy bonita y llamó la atención de muchos durante la procesión.


Un anochecer, cuando Santa Teresita tenía cinco años, y contemplaba el firmamento, comentó: Mira, papá, mi nombre está escrito en el cielo... Su padre sonrió: Tienes razón, aquellas estrellas parecen formar una “T”. Desde entonces Teresita quiso saber todo lo que fuera posible del cielo. Su hermana Paulina le ayudaba, pues era quien cuidaba desde la muerte de su madre. Algunas almas serán más felices que o– tras en el cielo Si tú le cedes a Dios un gran espacio en tu alma, tu felicidad en el cielo será más grande. Paulina entró al convento. Al año siguiente Teresita enfermó gravemente y ningún médico pudo curarla. Enferma escribió: Mostramos nuestro amor hacia Dios cuando tenemos paciencia para soportar el sufri–miento. Por este sufrimiento pagamos los pecados cometidos hacia los demás.


Una noche de navidad antes de cumplir los 14 años, Dios en su cuarto, de repente la sorprendió con un resplandor celestial. En medio de él apareció el dulce rostro del Niño Jesús. Le dijo a su padre que quería ser moja carmelita. Eres demasiado joven, le dijo. Pero la llevó a Roma a vea el papa. –Santo Padre, me permitirá entrar al convento cuando cumpla 15 años... El Papa le respondió: Serás carmelita si es la voluntad de Dios. Y esa fue la voluntad de Dios. Y recordando su visión del rostro del Niño Dios adoptó el nombre de Santa Teresita de Jesús. Comentaba; somos demasiado pequeños para hacer grandes cosas por Dios. Debe- mos hacer muchas pequeñas para honrarle. Debemos hacernos como niños para poder semejarnos a Cristo Jesús. Después de mi muerte enviaré una lluvia de rosas. Sus últimas palabras: “Dios mío… te… amo.”

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