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  • Foto del escritorEditorial Semana

Protejamos a nuestros niños


Por: Lilliam Maldonado Cordero


Los niños y las niñas tienen el derecho de disfrutar de una vida libre de abusos, explotación, violencia y desdén. Sin embargo, de todos los integrantes de nuestro componente social, son ellos quienes sufren más por estas vejaciones.


Es precisamente dentro de los entornos donde deben estar más protegidos que estos son victimizados, incluso por aquellas personas en las que confían en sus hogares, las escuelas y las iglesias, así como en las redes sociales y el Internet. Hay otros contextos en los cuales se cuece el daño intencional contra los menores, como en las zonas de conflicto armado y los desastres naturales, cuando los niños y las niñas se ven precisados a desplazarse de sus hogares.


Un tema que ha tomado visibilidad actualmente es la trata humana, en la que los niños y las niñas son las víctimas más vulnerables. Este crimen puede implicar el secuestro con el fin de someterlos al trabajo infantil, integrar guerrillas, prostitución y otras atrocidades que les pueden costar su integridad y la vida.


Aunque en Puerto Rico no nos encontremos enfrentando un conflicto armado, miles de niños y niñas son víctimas de los distintos tipos de maltrato: el físico, el emocional, el sexual, el médico y el abandono. La pobreza es terreno fértil para que germine el maltrato. Otra lacra es la indiferencia de los testigos quienes, con su silencio, se convierten en cómplices pasivos, pues optan por mirar para el lado usando como excusa tener miedo o no querer involucrarse “porque no es su problema”.


El gobierno también tiene una enorme parte de la responsabilidad. Es deber del Estado ocupar el espacio de custodio de nuestros niños cuando los padres, madres y encargados se sabe que han fracasado en proteger, alimentar, educar y amar a sus hijos e hijas. Por ello, es esencial que las escuelas y las agencias del gobierno establezcan protocolos de colaboración y compartan información interagencialmente, pues los primeros lugares donde se pueden identificar signos de maltrato infantil son las comunidades y las escuelas.


La Clínica Mayo señala los signos y síntomas observables del maltrato infantil. Algunos de ellos son: falta de supervisión por parte de sus familiares o encargados; ausencias frecuentes a la escuela; no visitar al médico para evaluaciones periódicas; el apartamiento de las amistades; no participar de actividades sociales o familiares; cambios de conducta, desde pobre desempeño escolar, agresividad y hostilidad; rebeldía y actitud desafiante; ansiedad y depresión; miedos inusuales; súbita baja autoestima; dificultad para dormir y experimentar pesadillas; autolesiones o intentos de suicidio; lesiones visibles, como quemaduras y fracturas; comportamiento sexual inapropiado para su edad o con otros niños; embarazos o enfermedades de transmisión sexual; dolor, sangrado o lesión genital; crecimiento insuficiente; mala higiene personal; y, robo de alimentos.


Los padres o encargados maltratantes también muestran conductas observables, como despreocupación por el niño; disciplina física fuerte; limitar el contacto del niño con los demás; ofrecer explicaciones contradictorias y sospechosas sobre las lesiones del niño, o simplemente no las ofrece; y, hasta llevar continuamente al niño al médico para evaluaciones físicas y pruebas clínicas por condiciones no detectadas por el proveedor de servicios médicos.


No podemos preciarnos de ser una sociedad de avanzada si privamos a nuestros niños y niñas de la protección y los recursos necesarios para garantizar su estabilidad y el disfrute de una vida feliz y segura. Cuidemos, protejamos y estemos atentos a nuestros niños.

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